Llevas meses ahorrando, pagas los más de 150 euros que cuesta el abono de ese festival de verano al que tantas ganas tenías de ir y por fin sostienes la entrada en tu mano. El cartel promete a varios de tus artistas preferidos en un solo fin de semana y todo parece idílico. Sin embargo, unas semanas después, llega el jarrón de agua fría: la organización publica los horarios y las dos bandas por las que decidiste gastar el dinero tocan exactamente a la misma hora en dos escenarios situados en puntas opuestas del recinto. Se trata del temido solapamiento de conciertos, un drama frecuente en eventos de gran envergadura.
La música en directo ha pasado a encontrar su principal plataforma en los macrofestivales. Los más importantes de nuestro país llegan a incluir a más de 100 cantantes en su cartel, una cifra astronómica para únicamente tres o cuatro días de actuaciones que solo se logra llevar a cabo con la incorporación de varios escenarios, donde los intérpretes actúan a la vez. No obstante, hay quien lo considera incluso una “publicidad engañosa”. Entre ellos, Fran Checa, profesor de la Universidad de Almería, quien ha investigado el fenómeno de los festivales como reflejo de los nuevos paradigmas de ocio: “Te hacen la promesa de que podrás ver a tus 20 artistas favoritos y luego es imposible materializarla”.







