La temporada de festivales ya funciona a pleno rendimiento, pero como ocurre con cualquier vehículo que pisa a fondo el acelerador sin saber cuándo llegarán las curvas o si el motor pasó la revisión, a mediados de junio se empiezan a acumular las deserciones en la carrera. Fortaleza Sound, Surforama, The Wild Fest, Tsunami, Rockland, Big Sound, White Summer, Remember Paradise y Tomavistas son algunos de los festivales que han desaparecido del mapa esta temporada. Y en muchos casos planea un motivo similar: la escasa venta de entradas.

Son al menos una veintena de eventos de distintos tamaños. Una cifra que se eleva hasta treinta si se tienen en cuenta todo tipo de causas. Algunos los organizan modestos colectivos. Otros, grandes empresas del sector. Unos hablan abiertamente de “falta de venta de entradas”. Otros usan eufemismos como “motivos logísticos y económicos”, “incertidumbre en distintos ámbitos”, “cuestiones técnicas” o “falta de cabezas de cartel”. Todas estas expresiones denotan que en las condiciones actuales, es muy arriesgado organizar un festival. Ante esa incertidumbre económica, algunas promotoras incluso optan por replegarse para volver con más fuerzas o un modelo reajustado de cara a 2027.