El 22 de julio, Ursula von der Leyen y António Costa, presidentes de la Comisión Europea y del Consejo Europeo, tenían una cita en Bruselas. No con el puertorriqueño Bad Bunny, que tocará esa noche en el pabellón de la ciudad, pero igualmente plácida. Debían verse con Keir Starmer, todavía inquilino de Downing Street, en una cumbre entre la UE y el Reino Unido que debía celebrarse en Bruselas para sellar el acercamiento entre ambos lados del canal de la Mancha.Debía, porque la cumbre se ha cancelado. Las autoridades europeas consideran que no tiene sentido seguir con los planes con alguien que está haciendo las maletas y, por lo tanto, debería emplear el tiempo en ordenar sus asuntos internos y empezar de nuevo con Andy Burnham cuando el exalcalde de Manchester asuma el poder. Esto, según el Financial Times, no ha gustado en Downing Street, donde esperaban seguir con los planes pese a la expulsión de Keir Starmer por los dirigentes laboristas.Primeras consecuenciasBruselas cancela una cumbre con el Reino unido prevista a finales de julio“Sin duda, tenemos que aplazarla, pero estamos reevaluando la posibilidad de celebrar esta nueva cumbre. Mi deseo es que el sucesor dé continuidad a este camino para restablecer nuestra relación con el Reino Unido”, defendió António Costa, uno de los líderes europeos que han mantenido una excelente sintonía con el primer ministro británico.Después de David Cameron, de Theresa May, de Boris Johnson, de Liz Truss, de Rishi Sunak, Europa encontró en Starmer un líder con el que se entendía y que buscó desde el primer momento lo que llamó un “reset”, un reinicio, de las relaciones con el bloque comunitario tras aquel doloroso divorcio del Brexit que había favorecido la desconfianza hacia el Reino Unido de los Estados miembros. Starmer ha cambiado esta percepción. “Keir Starmer se ganó el reconocimiento por su fiabilidad en materia de asuntos exteriores, al restablecer unas relaciones más estrechas con sus homólogos europeos, comprometer al Reino Unido a un apoyo continuo y a largo plazo a Ucrania y reconocer la necesidad de dar prioridad a la seguridad en Europa”, describe Olivia O'Sullivan, directora del programa Reino Unido en el Mundo de Chatham House. Mientras Donald Trump ponía el mundo patas arriba desentendiéndose de la seguridad de Europa y declarando la guerra comercial a medio planeta, Starmer se presentaba como un socio. En su último intento de patalear hacia la superficie de la tormenta perfecta que lo estaba engullendo, el laborista prometió poner “a Gran Bretaña en el corazón de Europa”. Acercarse a Bruselas para salvar el cuello. El momento más significativo de su “reset” fue en la primera cumbre entre la UE y el Reino Unido celebrada desde que este abandonara el mercado único en Lancaster House (Londres), en mayo del año pasado. Recomponer el matrimonio era misión imposible, pero en esta segunda oportunidad se suavizaron algunas de las consecuencias prácticas del Brexit, se sentaron las bases para que el Reino Unido vuelva al programa Erasmus, se aceptó prolongar las cuotas pesqueras de la UE en aguas británicas, pero, sobre todo, Londres se ha convertido en un aliado clave de la seguridad europea y también de Ucrania. Sintonía franco-británicaLa asociación en defensa con Macron ha sido clave en Ucrania y en OrmuzEn Londres firmaron una importante asociación de seguridad y defensa, y, aunque fracasaron en el último momento las negociaciones para que el Reino Unido entrase en el programa SAFE, un instrumento de préstamos para facilitar las inversiones conjuntas en defensa, Londres es citada a menudo como una de las capitales con valores compartidos. Frente a la invasión rusa, Starmer ha trabajado codo con codo con Emmanuel Macron tanto para armar la coalición de voluntarios para Ucrania como para coordinar una misión naval para proteger la navegación en el estrecho de Ormuz.“La evolución de las relaciones entre la UE y el Reino Unido ha sido positiva en los últimos años”, explica el presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores (AFET) del Parlamento Europeo, David McAllister. El popular alemán defiende que la Unión Europea “siempre se ha mostrado abierta a una cooperación más estrecha cuando existe un claro beneficio mutuo”. “Esto se aplica a la seguridad, la defensa, el comercio y muchos otros ámbitos”, sostiene, sin citar específicamente a Starmer.La UE seguirá tendiendo la mano a Burnham, pero la pelota estará ahora en el tejado de Downing Street: “En caso de que se presenten nuevas propuestas concretas en Londres, la Unión Europea las evaluaría en función de sus méritos. Hasta entonces, la prioridad es aprovechar al máximo los marcos y acuerdos ya existentes”, indica McAllister. “Encontrar una forma de aclarar el rumbo de las relaciones entre la UE y el Reino Unido —especialmente teniendo en cuenta la creciente volatilidad de la competencia entre EE.UU. y China— debería ser una prioridad absoluta”, coincide O'Sullivan. Bruselas echará de menos a Starmer.Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).