A sus 27 años, Christian Vidal, más conocido en las redes sociales como Torete, ha logrado lo que muchos sueñan: vivir de su pasión. Lo que empezó como un simple entretenimiento entre motores y herramientas, se ha convertido hoy en un negocio consolidado dentro del competitivo mercado de los coches de segunda mano.Su fórmula es sencilla pero eficaz: comprar vehículos en subastas, repararlos y venderlos con márgenes de beneficio que pueden multiplicar por tres, cuatro o incluso cinco veces la inversión inicial.“Compro coches en subastas que a lo mejor están tocados con algún golpe de chapa o problemas de motor, pero son cosas muy sencillas de reparar. En dos semanas los tenemos listos”, explica Vidal en una entrevista para el canal de YouTube de Adrián Sáenz, donde comparte los detalles de su día a día como empresario del motor.Una afición convertida en empresaLa historia de Vidal es un ejemplo claro de cómo una afición puede transformarse en un negocio rentable cuando se combina pasión con estrategia. En sus comienzos, el joven se dedicaba a comprar coches viejos por puro gusto, buscando aprender más sobre mecánica. Con el tiempo, comenzó a notar que las reparaciones no solo devolvían la vida a los vehículos, sino también generaban ganancias significativas.Hoy, Vidal cuenta con un taller propio equipado con todas las herramientas necesarias para preparar los coches antes de ponerlos a la venta. “Lo hacemos porque nos apasiona. Tener nuestro propio espacio nos permite controlar todo el proceso, desde la compra hasta la entrega final”, señala.Ganancias que multiplican la inversiónEl atractivo de su modelo de negocio está en los márgenes de beneficio. Según explica, las inversiones pueden ir desde los 500 hasta los 10.000 euros por coche, dependiendo del modelo y el estado del vehículo. Una vez reparados, los mismos autos pueden venderse por hasta cinco veces su precio inicial. “Si compramos un coche por 500 euros y lo vendemos en 2.000, ya es una operación redonda”, asegura Vidal.En otros casos, prefiere realizar ventas rápidas para mantener la liquidez y seguir invirtiendo. “Hay veces que compro y vendo sin reparar demasiado. Por ejemplo, compro un Peugeot 206 GTI por 500 euros y lo pongo en 1.100. Se vende enseguida. No le saco el último euro, pero gano tiempo y sigo moviendo dinero”, comenta.Cuando decide apostar por una reparación más completa, las cifras son aún más impresionantes. “A veces invertimos 600 euros en reparaciones y luego vendemos el coche por 3.000. El margen sigue siendo muy alto”, agrega.Las dificultades del negocioAunque los resultados son prometedores, Vidal también reconoce que el camino no siempre es fácil. El sistema de subastas, una de las principales vías de adquisición, puede resultar tedioso y poco predecible. “Las subastas son un poco coñazo. A veces ganas la puja y te dan el coche enseguida, pero otras tienes que esperar un mes a que el propietario acepte el dinero. Eso hace que pierdas mucho tiempo”, explica.Aun así, el joven empresario no se rinde. Con decenas de vehículos en proceso cada mes, su equipo ha aprendido a gestionar los tiempos y los recursos con eficiencia. “Estamos pujando por 50 coches a la vez. Si nos entran 10 de golpe, decidimos: cinco los vendemos rápido para tener liquidez y los otros cinco los reparamos a fondo para sacar más beneficio”, cuenta.Un modelo de éxito joven y en expansiónEl caso de Christian Vidal es un ejemplo inspirador para quienes buscan emprender en un sector tradicional desde una perspectiva moderna. A través de redes sociales y colaboraciones con creadores de contenido, ha logrado posicionar su nombre como sinónimo de esfuerzo, pasión y visión empresarial.Con apenas 27 años, Torete demuestra que el éxito no siempre depende de grandes inversiones iniciales, sino de saber detectar oportunidades y actuar con inteligencia. Su historia refleja una tendencia en auge: la de jóvenes que convierten sus pasiones en proyectos rentables, combinando conocimiento técnico, estrategia digital y espíritu emprendedor.En un mercado donde la movilidad y la sostenibilidad marcan el futuro, Vidal parece tener claro su rumbo: seguir creciendo, diversificar su negocio y, sobre todo, mantener viva la pasión por los coches que lo llevó hasta donde está hoy.