Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.En una ciudad donde las obras no se detienen, el polvo de construcción termina instalándose dentro de las casas. Se posa en muebles, ventanas y telas, y puede convertirse en un riesgo silencioso para la salud. (Fotos: Archivo GEC/ Freepik) Desde junio del año pasado tengo una construcción frente a mi casa. Y como si no fuera suficiente, en un mes empezará otra al costado. Desde entonces, algo tan simple como abrir la ventana se ha convertido en una pequeña batalla cotidiana: elegir entre dejar entrar un poco de aire para aliviar los casi 30° grados del verano limeño o mantenerla cerrada para que el polvo no invada todo. Aunque para ser honesta, el polvo igual encuentra la forma de estar presente. Aparece sobre los muebles recién aspirados, se acumula en los bordes de las ventanas y, en mi caso, se traduce en congestión, alergia constante y esa sensación de que el aire dentro de mi hogar ya no es tan limpio como debería. Conforme a los criterios deTipo de trabajo: NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.
El lado menos agradable del ‘boom’ de las construcciones: el polvo y sus consecuencias en nuestra salud
En Lima, las obras de construcción pueden llenar el aire de partículas que terminan dentro de las casas. Lo que parece solo suciedad puede afectar la salud y la calidad del aire que respiramos cada día.








