Fuera de l�neaFrente a tanto mandatario siempre dispuesto a inflamarse, qu� gusto da y cu�nto ayuda el sosiego al que est� obligado en raz�n de su cargo un monarca constitucionalEl Rey Felipe VI junto a la presidenta de M�xico, Claudia Sheinbaum.APActualizado Domingo,
junio
23:18Audio generado con IAIgual que en su d�a Enrique de Navarra puede que dijera, o al menos se le pasara por la cabeza, aquello tan c�lebre de que "Par�s bien val�a una misa", poco peaje para coronarse como rey de los franceses, no iba a ser menos un descendiente directo como es Felipe VI, que se debi� de decir que si hab�a que rezar el rosario con Claudia Sheinbaum, se rezaba. Lo que fuera. Con tal de resta�ar las heridas en la larga crisis bilateral que ha aquejado a la relaci�n entre M�xico y Espa�a desde que al populista AMLO le dio por tomarla con la Monarqu�a como chivo expiatorio, que ya sabemos lo bien que se les da a los mandatarios m�s irresponsables eso de echar a cualquiera la culpa de que sus pa�ses se conviertan en Estados fallidos ante sus narices y hacer creer al populacho que ellos ni pinchan ni cortan. Su sucesora sigui� con la matraca y, con la excusa de que Hern�n Cort�s y tal, le dedic� menudas tabarras cada ma�anera al Rey, que tiene la paciencia del Santo Job, a ver si colaba que de los males que aquejan a M�xico tiene m�s delito el inquilino de Zarzuela que la que vive en el Palacio Nacional del D.F.Pero aqu� paz y despu�s gloria. Y no cabe sino aplaudir la templanza y el tino con los que Felipe VI ha solucionado, siquiera de momento, el cortocircuito pol�tico entre las dos naciones, que a decir verdad ni le conven�a a los mexicanos ni nos conven�a a nosotros. Cuando se invoca el precepto constitucional que atribuye al Rey la m�s alta representaci�n del Estado espa�ol en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad hist�rica, desde cierto republicanismo trasnochado se tiende a verlo como una frase hecha, vac�a de contenido. Pero nada m�s lejos de la realidad. La Corona puede presumir de haber desempe�ado desde la recuperaci�n de la democracia un papel fundamental en materia exterior, y sobre todo en lo que ata�e a nuestros v�nculos con Latinoam�rica. Bien lo acaba de documentar en su �ltimo libro Powell, quien con conocimiento de causa tambi�n lamenta que Felipe VI, a diferencia de lo que ocurri� con Juan Carlos I, est� "infrautilizado". Porque, claro, lo que dice la Carta Magna est� muy bien, si en Moncloa duerme alguien que no sienta celos por que el jefe del Estado le reste alg�n protagonismo por ah� fuera.No ha pedido perd�n Felipe VI por la Conquista de Am�rica, porque en los t�rminos en los que AMLO y Sheinbaum plantearon el dislate revisionista se buscaba meter al Rey de Espa�a en una trampa, a la vez que se le chantajeaba. Pero en este asunto Zarzuela y Moncloa han trabajado codo con codo desde hace muchos meses, con car�cter de trascendental asunto de Estado, y Don Felipe se prest� semanas atr�s al v�deo junto al embajador mexicano en el que dec�a la perogrullada de que "hubo mucho abuso" durante la Conquista. Eso tan nimio le bast� al monarca para que los salvapatrias de VOX le arrojaran al foso de los cocodrilos, pero fue imprescindible para que Sheinbaum le invitara al encuentro del otro d�a, con el que simb�licamente se sell� el armisticio. Del episodio es especialmente relevante que en todo momento la actuaci�n del Rey se ha alejado de las tripas, pero ha hilado fin�simo siempre para no caer, de un lado, en los discursos y relatos ahist�ricos de los dirigentes populistas -como el mismo Papa Francisco, que lo fue-, pero, de otro, con la capacidad �nica que tienen los monarcas parlamentarios en el siglo XXI para encarnar la emoci�n colectiva de la naci�n a la que representan, eso que los polit�logos llaman democracia sentimental, y que lleva a que hoy la emoci�n siga a flor de piel por mitos, agravios y realidades de hace taitantos siglos. La Historia es la mayor arma arrojadiza. Y en la era trumpiana, frente a tanto mandatario siempre dispuesto a inflamarse, qu� gusto da y cu�nto ayuda el sosiego al que est� obligado en raz�n de su cargo un monarca constitucional. De pueblos originarios se puede seguir hablando todo lo que Sheinbaum quiera, peor parados que ella y sus predecesores no va a quedar nadie, pero qu� gran lecci�n le acaba de dar el Rey de Espa�a de c�mo se ejercita la diplomacia y de c�mo se retrata a quien s�lo busca gresca.













