EDITORIALEl Banco de Guatemala es el ente rector de toda actividad bancaria para que sea estable y segura para los ahorrantes.

El 30 de junio de 1926 se fundó el Banco Central de Guatemala, como parte de la reforma económica emprendida durante el gobierno del presidente José María Orellana, cuya efigie figura en los billetes de Q1 y quien falleció aquel mismo año. Resulta vital para todo ciudadano comprender el papel que desempeña una institución cuya labor usualmente pasa inadvertida cuando funciona bien. Con la reforma de 1946 pasó a llamarse simplemente Banco de Guatemala y, aunque tuvo algunas modificaciones posteriores en sus reglamentos, su esencia inicial se mantiene.

El éxito de un banco central consiste precisamente en que la población no tenga que pensar en su existencia. Cuando la inflación permanece bajo control, el quetzal conserva su poder adquisitivo, las tasas de interés permanecen estables, el sistema de pagos funciona con normalidad y la economía ofrece un entorno de certidumbre para invertir, producir y generar empleo, es innegable el papel de la institución que rige la política monetaria, cambiaria y crediticia.

Puede parecer muy técnico todo esto, pero el manejo del Banco de Guatemala tiene efectos en la vida cotidiana del ciudadano. Por ejemplo, cabe recordar los tiempos de altísima inflación registrados a principios de la década de 1980, debido a que entonces el Banco de Guatemala autorizaba emisión de moneda para financiar los gastos del Estado, lo cual disparaba los precios, por haber más circulante sin respaldo. En 1986 se emprendió un plan de reordenamiento económico que propició la recuperación de valor productivo. En las reformas constitucionales de 1993, avaladas por la ciudadanía, se prohibió que el Banguat financiara al Estado, con lo cual se redujo el riesgo de presión política a la entidad.