OpiniónEl accionar de Ejército y Policía era incómodo bajo este gobierno para estructuras criminales. Por lo que optó por ‘depurarlas’.PERIODISTA27.06.2026 23:30 Actualizado: 27.06.2026 23:30 Tuve que ver tres veces el informe de Ricardo Calderón publicado por ‘Noticias Caracol’. Magistral.Ingenua yo, había llegado a pensar que después del episodio —también revelado por Calderón— del director de Inteligencia Jorge Lemus “entregando” la Fiscalía a ‘Papá Pitufo’ en nombre del Gobierno ya lo había visto todo en materia de corrupción. Y resultó que no.El informe de Calderón reúne a todos los que están con todos los que son. Ahora sí nos cuadran perfecto cosas muy graves que han sucedido durante este gobierno: situaciones criminales, cabildeos delictivos, funcionarios ineptos e irresponsables, pactos ‘non sanctos’ que llevan a una gravísima conclusión: el accionar de Ejército y Policía era incómodo bajo este gobierno para estructuras criminales. Por lo que optó por “depurarlas”.La sorpresa del informe no está, sin embargo, en que no supiéramos que este gobierno había diezmado a la Fuerza Pública. O que la tenía jugando a “congelados”. O que había parado los bombardeos a los campamentos de las organizaciones criminales con la disculpa de la presencia de niños, convertidos entonces como escudos. O que embolató la extradición. Sabíamos incluso que, por designios de alias Chiquito Malo, máximo cabecilla del ‘clan del Golfo’, el Gobierno alcanzó a llevar ante el Congreso un proyecto de ley de paz total que básicamente les otorgaba beneficios penales a todas las organizaciones criminales del país y que, por fortuna, se hundió. De ello culpó el ministro de Justicia de entonces, Eduardo Montealegre, al comisionado de Paz, Otty Patiño, quien previamente había dejado constancia en una entrevista que le hice hace un año de que a ese proyecto le faltaba análisis y que hasta era un error presentarlo. La respuesta, para la historia, del controvertido Montealegre, fue: “Otra vez Otty Patiño de francotirador de la paz”.¿Cómo llegamos acá?Indefectiblemente su origen está en los pactos de La Picota. Allí se cocinaron compromisos que comenzaron a cumplirse desde el día uno del gobierno Petro. Al mando de los operativos pusieron al excomisionado Danilo Rueda, un imberbe de coloridas gafas, y al mando de la Inteligencia al fronterizo Jorge Lemus. La Inteligencia terminó cooptada por los intereses del Gobierno y los personales de Petro.Con la disculpa de adelantar un plan de exploración con las bandas criminales, todo se les empezó a conceder y a entregar. Se convino la purga de oficiales, se pararon bombardeos, extradiciones y operaciones en curso. Hasta se les propuso a los del ‘clan del Golfo’ (organización criminal que surgió de las cenizas de las antiguas autodefensas) que “sapiaran” a aquellos militares y policías sospechosos de no querer jugar a “congelados”.Así fueron saliendo cientos de magníficos generales y oficiales. Si ello no hubiera sido fruto de un pacto secreto con el crimen, el Presidente habría tenido la facultad discrecional de mover de su cargo a quien quisiera, sin tener que explicar sus motivaciones. Pero por cuenta del informe de Caracol, Petro cometió un error mortal. En uno de sus compulsivos trinos, afirmó: “A nadie en la Fuerza Pública de Colombia se le ha retirado sino por solicitud propia o por violación de derechos humanos, participación en política o indicios de corrupción”. ¿De manera que los retiros de oficiales de Ejército y Policía fueron motivados por la comisión de delitos o faltas disciplinarias? ¿Dónde están las denuncias? ¿Y las pruebas? ¿Y los procesos?Con toda la razón, los militares y policías se declaran ahora víctimas.Con la disculpa de adelantar un plan de exploración con las bandas criminales, todo se les empezó a conceder y a entregar. Se convino la purga de oficiales, se pararon bombardeos, extradiciones y operaciones en cursoDe los audios y videos de Caracol se siguen produciendo secuelas delicadas. Por ejemplo, el enfrentamiento entre tan incompetente exministro de Defensa Iván Velásquez —que algún día tendrá que explicarnos muchas cosas, incluidas la barrida de las Fuerzas del orden y las compritas de aviones y helicópteros— y el excomisionado Danilo Rueda, interlocutor del ‘clan del Golfo’, sobre quien Velásquez terminó lavándose las manos. O como las llamaditas de Laura Sarabia a los generales a explicarles, como jefa del gabinete, que habían cambiado las reglas del juego en materia de seguridad, porque estábamos en un proceso de “paz total”. O la solicitud formal del director de Inteligencia Lemus a alias Boyaco Sinaloa de que hablara con sus amigos políticos en el Congreso para que ayudaran al Gobierno a que se aprobara el proyecto de 'paz total' —de impunidad total, mejor dicho— capitaneado por Montealegre.Lo que no teníamos tan claro es que el cabildeo para patinar esta ley en el Congreso también fue producto de pactos en la “caldera del diablo” que este gobierno instaló para gobernar a sus anchas. Queda entonces entendido por qué el ‘clan del Golfo’ pasó de tener 4.061 hombres en 2022 a 9.915 en 2025, y por qué su presencia se amplió de 145 a 338 municipios.Ahora, a devolverles el alma y el cuerpo a nuestro Ejército y a nuestra Policía.MARÍA ISABEL RUEDA Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. 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La caldera del diablo
El accionar de Ejército y Policía era incómodo bajo este gobierno para estructuras criminales. Por lo que optó por ‘depurarlas’.
Questo articolo **non è rilevante per Warptech Tech News**. È un'opinione politica colombiana sulla corruzione governativa e i patti con organizzazioni criminali — nessun elemento tech, AI, business, o governance IT. Non contiene dati, trend, decisioni di stack/budget/team o segnali di mercato che interesserebbero manager IT, CTO o responsabili AI italiani. **Scarta.**













