En estos 25 años que dura ya el revival de los 80 se ha dado a reivindicar casi todo lo que hizo algo de ruido en la época. El dominio cultural de Estados Unidos provoca que no hayamos visto reflejadas muchas de las realidades de la chavalada europea. Sin ir más lejos, en los 80 de cualquier adolescente hispano, la música de Europe ocupó un espacio difícil de ignorar.

Su himno The Final Countdown cumple estos días 40 años, convertido en un clásico de esos que llega a empalagar, con más de 400.000 discos vendidos en nuestro país, pósteres en miles de habitaciones y un dominio abrumador de las ondas hertzianas que quizá no veamos en Stranger Things, pero que vivieron millones de chavales.

Operación 'titotirooo'

Liderados por el cantante y compositor Joey Tempest (nacido Joakin Magnus en 1963), la muy joven banda sueca ganó en 1983 un concurso nacional de rock de gran repercusión. Encontraron apoyo en Japón, ficharon por Epic para su segundo disco y se convirtieron en los líderes de la escena heavy local, hasta el punto de encabezar el proyecto Swedish Metal Aid, un We are the world sueco y desfasadísimo que se ha convertido en un pequeño meme rockero.

En 1985, y con su posición asentada en los mercados nórdicos, entraron a grabar su tercer disco en Suiza. Tempest preparó un tema ideal para abrir tanto disco como sus próximos conciertos, comandado por un pegadizo riff de teclados (titotirooo). Algunos de sus miembros mostraron su recelo, pero la gente de marketing de Epic vieron un pelotazo potencial. Dispuestos a abrir mercado en el resto del mundo, centraron la promoción en el atractivo del frontman y lo infeccioso de ese primer corte.