El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, ya comienza a destapar sus cartas diplomáticas y aliados internacionales. El abogado de ultraderecha promete de entrada un estrecho alineamiento con los Estados Unidos de Donald Trump, quien le expresó su “respaldo total” en plena campaña. Esta semana, ha reiterado que se unirá desde el mismo día de su investidura, el 7 de agosto, al Escudo de las Américas, la alianza del republicano con líderes políticos del continente afines a su ideología, montada con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico.Su Gobierno también apunta a una relación orientada con la mayoría de los países con los que comparte fronteras, incluso aquellos que mantuvieron diferencias irreconciliables con Gustavo Petro, el primer presidente de izquierdas en la historia reciente del país. Con matices, De la Espriella ya se ha comunicado, intercambiado guiños o recibido felicitaciones de todos esos vecinos: el panameño José Raúl Mulino, el ecuatoriano Daniel Noboa, la peruana Keiko Fujimori —encaminada a ser la próxima presidenta—, el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva e incluso la venezolana Delcy Rodríguez. “Abelardo de la Espriella tiene el campo arado para tener unos vecinos ideológicamente afines, con la excepción notable de Brasil”, observa el analista Sergio Guzmán, de la consultora Colombia Risk Analysis. Al menos durante la primera mitad de su mandato, tiene unas posibilidades muy altas de consolidar esas relaciones, muy ideologizadas, vaticina. “Va a tener una pequeña luna de miel, pero más adelante, cuando surjan problemas y presidentes con visiones disímiles, vamos a poder medir el aceite de si De la Espriella tiene una política más o menos coherente o no”, advierte. El caso más llamativo es el de Daniel Noboa. El presidente de Ecuador se inmiscuyó de una manera inédita en las elecciones colombianas cuando, a dos días de la primera vuelta del domingo 31 de mayo, mantuvo una videollamada con De la Espriella, transmitida a través de las redes sociales del entonces candidato, a semejanza de una reunión entre jefes de Estado, en la que incluso accedió a eliminar los aranceles a las importaciones colombianas a partir del siguiente lunes. En la interpretación de Petro, lo que De la Espriella vendió como un triunfo diplomático fue en realidad el cumplimiento de una resolución de la Comunidad Andina de Naciones para acabar con la guerra arancelaria que declaró Noboa. En cualquier caso, fue un mensaje inequívoco de cercanía. “En mi Gobierno, encontrará todo el respaldo para proteger esa frontera como corresponde”, le prometió De la Espriella entonces, en referencia a las insistentes quejas de Quito sobre la supuesta negligencia de Petro a la hora de enfrentar a los grupos criminales por cuenta de su desgastada política de paz total. El presidente electo, por contraste, promete mano dura y cero negociación. “Además de la simpatía política e ideológica, hay un componente muy pragmático”, apunta la internacionalista Sandra Borda. “Que haya un entendimiento parecido con Ecuador al que va a tener Colombia en el relacionamiento con Estados Unidos facilita los ejercicios de cooperación en materia de seguridad”, explica la investigadora de la Universidad de Los Andes.De la Espriella ya sostuvo una conversación telefónica con Mulino en la que se comprometieron a establecer una “alianza extraordinaria que permita impulsar las inversiones entre los dos países, así como reforzar el plan contra el narcotráfico y el crimen organizado”, de acuerdo con la Presidencia panameña. Además, se propusieron acelerar un millonario proyecto de interconexión eléctrica entre Panamá y Colombia, estancado desde hace años. Y también recibió la felicitación de Keiko Fujimori, que se impuso por un estrechísimo margen en la segunda vuelta en Perú, con la que ya había escenificado hace unas semanas una videollamada de apoyo mutuo. “Le deseo el mayor de los éxitos en esta nueva etapa, convencida de que la defensa de la democracia, la libertad y el orden requiere líderes con convicción y coraje. Sin duda, soplan nuevos vientos para América Latina”, le escribió la hija del autócrata Alberto Fujimori, en un derroche de sintonía. Incluso la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, felicitó —antes de los dos terremotos que devastaron el miércoles a su país— al “gobierno electo de Colombia”, aunque sin mencionar por nombre propio al ultraderechista. La mandataria, que gobierna bajo la tutela de Estados Unidos, pidió mantener “relaciones de respeto, cooperación y amistad” entre dos países que comparten una porosa frontera de más de 2.200 kilómetros. Tanto De la Espriella como su vicepresidente, José Manuel Restrepo, han señalado en repetidas ocasiones que las relaciones entre Bogotá y Caracas estarán canalizadas a través del Departamento de Estado norteamericano. Como abogado penalista, De la Espriella defendió a Alex Saab, ahora preso en Miami, acusado de ser el testaferro de Nicolás Maduro. Esa sombra, que lo persiguió durante la campaña, no le impidió celebrar ruidosamente el ataque militar del 3 de enero en Caracas, en el que Estados Unidos capturó a Maduro. Colombia puede ser, por mucho, el principal beneficiado de una apertura económica en Venezuela. “Creo que De la Espriella va a hacer con Caracas lo mismo que con el resto de las relaciones bilaterales importantes, que es explotarlas al máximo en materia comercial y poner en paréntesis la agenda política”, apunta Sandra Borda. En ese mapa de afinidades, Brasil se antoja como una excepción. Lula, un antiguo líder sindical que ha sido un aliado de Petro pero ha mantenido buenas relaciones con líderes de izquierda y de derecha por igual, busca la reelección en octubre frente a Flavio Bolsonaro, que intercambió guiños con De la Espriella cuando era candidato. Al felicitar al pueblo colombiano por las elecciones, Lula destacó que la amistad de su país con Colombia “trasciende ideologías” y es “fundamental” para superar problemas comunes, como la preservación de la Amazonía, la pobreza y el crimen organizado. De la Espriella, ya como presidente electo, le correspondió. “Brasil es nuestro vecino, y a nuestros pueblos los unen no solo desafíos, sino virtudes culturales, históricas, medioambientales y comerciales que, junto con las tribulaciones comunes a la América entera, requieren de unión entre los pueblos y los gobiernos del continente”, respondió. La relación entre Bogotá y Brasilia también pasa por Washington. “No creo que vaya a ser su mejor amigo, pero en la medida en que Lula logre mantener una relación estable y normalizada con Trump, eso le garantiza que no va a haber tensión con Colombia”, apunta la internacionalista Borda. Mantener ese tono cordial va a depender de que el próximo Gobierno de Colombia no intente involucrarse en las polarizadas elecciones del gigante latinoamericano.