La guerra agotadora que Ucrania libra contra el invasor ruso incide cada vez más en la política de memoria histórica del país atacado, que, necesitado de insuflar moral de combate a población y tropa, está rescatando a controvertidas figuras nacionalistas de la primera mitad del siglo XX. El coste de tales homenajes para sus relaciones exteriores es muy alto.Polonia acaba de revocar a Volodímir Zelenski la máxima condecoración polaca, la Orden del Águila Blanca, después de que el presidente ucraniano diera a una unidad militar el nombre honorífico de una milicia ucraniana que masacró polacos durante la Segunda Guerra Mundial.Poco antes, y para indignación de Varsovia, Zelenski había acudido a la ceremonia de reinhumación en Kyiv de Andrí Melnik (1890-1964), nacionalista que defendió la cooperación con la Alemania nazi como estrategia contra el dominio soviético y contra la presencia histórica polaca en regiones del oeste de la actual Ucrania. Melnik murió en Alemania y estaba enterrado en Luxemburgo.Para un futuro panteón patriótico en KyivUcrania quiere ahora repatriar los restos de varios líderes de la independencia, pero algunos tienen vidas oscuras, vinculadas a masacres de polacos y judíos en Galitzia y Volinia durante la Segunda Guerra Mundial“Resulta sumamente simbólico que nuestros héroes ucranianos de hoy (...) descansen junto a ucranianos de generaciones anteriores que también actuaron para que Ucrania sea libre”, dijo Zelenski en ese acto en el Cementerio Militar Nacional.La repatriación de los restos de Melnik forma parte de un plan oficial de trasladar a Ucrania a personajes sepultados en el extranjero para ubicarlos en un futuro panteón patriótico en Kiyv. En la lista de nombres que maneja el Instituto de la Memoria Nacional de Ucrania no figura de momento el del líder más polémico, el nacionalista de extrema derecha Stepán Bandera (1909-1959), que está enterrado en Alemania. Sin embargo, el director del instituto, Oleksander Alfiorov, ha declarado a medios ucranianos que no se descarta repatriarle en el futuro.La herencia de Stepán Bandera es perturbadora. Nació en 1909 en un pueblo del actual oeste de Ucrania, en la región histórica de Galitzia, entonces parte del imperio austro-húngaro. De joven se unió a la Organización de Nacionalistas Ucranianos (OUN), que luchaba en la clandestinidad por la independencia y que acabó escindiéndose en dos facciones: la más conservadora, liderada por Andrí Melnik, y la más radical, encabezada por Bandera.Enseñas ucranianas en la tumba de Stepán Bandera en el cementerio Waldfriedhof de Munich Future Publishing / GettyEl Ejército Insurgente Ucraniano (UPA), brazo armado de la OUN de Bandera, combatió en distintos momentos contra soviéticos, nazis y polacos, y colaboró en una fase con la Alemania nazi. El UPA participó en las masacres de Volinia entre 1943 y 1945, en las que murieron unos cien mil polacos. Miles de ucranianos murieron en represalias. Antes de eso, el grupo estuvo implicado en matanzas de judíos en Galitzia.“Bandera fue un nacionalista radical y un fascista que quería establecer un Estado ucraniano dentro de la Europa de Hitler. Solo los ucranianos vivirían en este estado; judíos, polacos y rusos serían expulsados o asesinados”, explica Grzegorz Rossolinski-Liebe, historiador germano-polaco de la Universidad Libre de Berlin.“Su figura es controvertida porque en Ucrania se le recuerda como un luchador por la libertad, y en otros países, como Polonia, Israel, Alemania y Rusia, como un fascista”, señala Rossolinski-Liebe, autor del libro Stepán Bandera. Fascismo, genocidio y culto, publicado también en España. “Bandera participó personalmente en los pogromos contra los judíos en el verano de 1941. Durante la limpieza étnica de polacos en Volinia se hallaba prisionero en el campo de concentración de Sachsenhausen; sin embargo, esos asesinatos formaban parte de su plan y no contradecían sus ideas políticas”, asegura el historiador.Cuando en 1941 correligionarios de Stepán Bandera proclamaron un Estado ucraniano en Lviv, con Polonia ocupada por el Tercer Reich, Hitler le encerró en el campo de concentración de Sachsenhausen. Acabada la guerra, Bandera se quedó en Alemania.Está enterrado en el Waldfriedhof, un céntrico cementerio arbolado de Munich, ciudad en la que residía y en la que fue asesinado en 1959. Lo mató un sicario enviado por el KGB soviético, que le disparó dos cápsulas de cianuro a la cara con una pistola de aire comprimido en las escaleras de su casa. El agredido inhaló los vapores, cayó inconsciente y murió mientras lo llevaban al hospital. Su tumba con una gran cruz blanca de piedra está siempre adornada con flores y enseñas ucranianas, y es destino de peregrinación de ucranianos, pero también blanco de actos de vandalismo.Un nacionalista de extrema derechaMientras ahora para la mayoría de ucranianos Stepán Bandera es un héroe de la independencia, en Polonia e Israel se recuerda su relación directa con matanzas de polacos y judíos El culto a Stepán Bandera, que desde su asesinato era ya venerado por los emigrantes ucranianos en Occidente, surgió en el oeste de Ucrania tras el colapso de la Unión Soviética. En esas ciudades hay museos, monumentos y calles en su memoria. Pero desde la invasión a gran escala rusa en febrero del 2022, el fenómeno se fue ampliando.“Actualmente, para la mayoría de los ucranianos, tanto en el oeste como en el este, Bandera es alguien que luchó por la independencia de Ucrania; su gente combatió tanto contra los nazis como contra los soviéticos. Es esa lucha clandestina, especialmente tras la Segunda Guerra Mundial, lo que hace que estas personas sean populares”, dice Roman Goncharenko, periodista ucraniano de la Deutsche Welle.Volodímir Zelenski, en la repatriación del cuerpo del líder nacionalista Andrí Melnik el 25 de mayo del 2026 en Kyiv GENYA SAVILOV / AFPEn la actual fatiga bélica, Zelenski ha optado por el potencial unificador para la nación de personajes históricos de cruda trayectoria. “Quizá tiene malos asesores o quiere movilizar a la población”, plantea el historiador Rossolinski-Liebe, quien explica el culto a Bandera como “una cuestión histórica sin resolver, que se debe en parte a la difícil situación política, y al importante papel de la diáspora ucraniana”. Rossolinski-Liebe aclara que, pese a que el apellido parece español, la familia de Stepán Bandera no tiene relación con España. Es un apellido raro en Ucrania.“Lo que falta en este debate es comprender el contexto de las décadas de 1920 y 1930, en el que hubo un breve periodo de independencia ucraniana y una guerra entre polacos y ucranianos que estos últimos perdieron –tercia el periodista Goncharenko–. Polonia amplió su territorio e impuso sus normas; colonos polacos se asentaron en los nuevos territorios, sobre todo en Volinia. Fue una situación compleja”. En todo caso, la actual tensión por esta herida histórica entre Ucrania y un aliado tan estrecho como Polonia es una gran alegría para el Kremlin.Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia