Colombia y Perú acaban de sumarse a la lista de países latinoamericanos con presidente de derecha radical. A los nombres del salvadoreño Nayib Bukele (carcelero mayor de su país), el argentino Javier Milei (para quien la justicia social es “una aberración”) o el chileno José Antonio Kast (defensor del legado de Pinochet) se han añadido esta semana los del colombiano Abelardo de la Espriella (apodado el Tigre y defensor del curioso concepto “patria milagro”) y la pe­ruana Keiko Fujimori (hija del expresidente Alberto Fujimori, condenado en su día a 25 años por asesinato, secuestro o corrupción).Abelardo de la Espriella, tras su victoria electoral Mauricio Dueñas Castañeda / EfePodría hablarles también del ecuatoriano Daniel Noboa, que dirige el país como si estuviera en guerra, o de la costarricense Laura Fernández (que promete reformas constitucionales y megacárceles a la Bukele) o del hondureño Nasri Asfur (fan de Trump). Pero voy a centrarme en De la Espriella, que se presenta como un hombre renacentista: dandy que vende “moda masculina para hombres extraordinarios”, productor de ron o de vino y autor de ensayos (sobre cómo enriquecerse) o de novelas (sobre “los pasajes más profundos del espíritu animal de la humanidad”), según leo en su instructiva web De la Espriella Style, donde se “celebra la dolce vita y el buen gusto”.La lista de países de Latinoamérica con presidente de derecha radical sigue creciendoDe la Espriella es un hombre con habilidad para los negocios que ha montado numerosas empresas, entre ellas un bufete de abogados, que tuvo relación con los paramilitares y hoy sería su mayor fuente de ingresos. Con esta experiencia, ahora propone destruir 330.000 hectáreas de coca, acometer una revolución desreguladora y alcanzar un crecimiento del 7%, “como Singapur o Corea del Sur”, para “dejar de administrar la escasez y desatar la abundancia”. Toma ya.Si se logra todo eso, Colombia será una “patria milagro”, lema central en la campaña de De la Espriella. ¿Hacen milagros los políticos? Diría que no, porque los milagros son sucesos ajenos a las leyes naturales, con intervención divina. Pero, como decía Feuerbach, para que exista un milagro basta con que haya mucha imaginación. Y tanto De la Espriella como los que le han votado la tienen. Pronto veremos si con fundamento o sin él.