En una sola manzana del sur porteño, una obra de caridad católica levantó un microbarrio con pasajes internos y reglas estrictas. El día de la apertura reunió a figuras del poder y del cleroLa Ciudad Autónoma de Buenos Aires guarda un gran número de curiosidades y secretos. En el barrio de Nueva Pompeya, detrás del Hospital Aeronáutico Central de la Fuerza Aérea Argentina, se esconde un pequeño y particular complejo de viviendas conocido oficialmente como Colonia Obrera Nueva Pompeya, aunque para la mayoría de los vecinos es, simplemente, La Colonia. Decimos pequeño porque apenas comprende una manzana, y a la vez muy particular porque fue creado por caritativas y piadosas señoras de la aristocracia porteña. Por su historia y especiales características, La Colonia constituye, prácticamente, un barrio en sí mismo, ubicado dentro de otro barrio.La Colonia Obrera Nueva Pompeya surgió a fines de 1912 por iniciativa de las Damas Vicentinas, un grupo de distinguidas mujeres que pertenecía a la Sociedad de San Vicente de Paúl. Para conocer la historia de La Colonia debemos referirnos, brevemente, a esa institución y a lo que sucedía en nuestro país allá por 1912.PUBLICIDADLa Sociedad de San Vicente de Paúl es una institución internacional formada por laicos católicos, con sede central en París. Su misión esencial consiste en el crecimiento espiritual y personal a través del servicio a quienes más lo necesitan: es por ello que realiza múltiples obras de caridad, guiadas por el amor a Dios, destinadas a los más pobres, necesitados o vulnerables, a la vez que también despliega su acción caritativa y social entre sectores humildes y populares.Aquella entidad surgió en la Francia conmovida por los efectos de la revolución liberal de 1830, que puso fin a la dinastía de Borbón y que instauró una monarquía liberal y constitucional con Luis Felipe de Orleans como rey. Por entonces, Francia se hallaba en una crítica y convulsionada situación social y económica, con preocupantes manifestaciones de pobreza y exclusión social, especialmente en ciertos barrios de París como el de Mouffetard.PUBLICIDADLa Colonia Obrera nació en 1912 en Nueva Pompeya por iniciativa de las Damas Vicentinas de la Sociedad de San Vicente de PaúlPara atenuar los sufrimientos y las necesidades de los más pobres y vulnerables, el 23 de abril de 1833 un grupo de laicos católicos liberales del ámbito universitario, liderado por Federico Ozanam, fundó en París la Conferencia de la Caridad. La labor de esa organización articuló oración y acción, e incluyó una intensa actividad social que comprendió atención a los pobres con visitas domiciliarias (especialmente al barrio de Mouffetard) y recorridas por escuelas, hospitales, cárceles y asilos. La Conferencia recibió un importante apoyo de una Hija de la Caridad, Sor Rosalie Rendu.En 1834 el grupo dirigido por Federico Ozanam adoptó como patronos a la Inmaculada Virgen María y a San Vicente de Paúl, y se inspiró especialmente en el pensamiento y en la obra de este santo, conocido como el Padre de la Caridad por su dedicación a servir a los más pobres. El sacerdote francés Vicente de Paúl (1581-1660) fue una de las figuras más representativas del catolicismo en Francia durante el siglo XVII, y se le deben la creación de las Conferencias de la Caridad (1617); de la Congregación de Misioneros Paúles, Lazaristas o Vicentinos (1625) y de las Hijas de la Caridad (1633).PUBLICIDADPoco después, se crearon nuevas Conferencias de la Caridad, las cuales dieron origen a la actual Sociedad de San Vicente de Paúl. Según el sitio web de la Confederación Internacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl, hoy en día esta institución está presente en 155 países y cuenta con 800.000 socios agrupados en 48.000 conferencias y 1.500.000 voluntarios y colaboradores. Su ayuda llega diariamente a más de 30 millones de personas en todo el mundo.La Sociedad de San Vicente de Paúl se instaló en nuestro país en 1859, a través de la fundación de la primera Conferencia Vicentina de Hombres. Por su parte, las Damas Vicentinas se remontan a 1864, con la creación de una Conferencia en Córdoba, y se constituyeron en la ciudad de Buenos Aires en 1889.PUBLICIDADLas Damas Vicentinas impulsaron viviendas en Nueva Pompeya para obreros, personal doméstico y familias humildes bajo un marco social y religioso católicoCuando se formó la Colonia Obrera Nueva Pompeya en 1912, gobernaba nuestro país el presidente Roque Sáenz Peña (1910-1914), un político conservador honesto, sincero, lúcido, realista y con perfil reformista. Eran tiempos de cambios políticos y sociales, marcados por intensos debates en torno a la reforma política, y por el avance de la nueva burguesía y de los sectores medios que rivalizaban con la oligarquía política y económica tradicional.El desgaste y el agotamiento del sistema político conservador, atravesado por el fraude electoral y por mecanismos y hábitos muy poco transparentes, provocó la reforma política que impulsó y concretó el presidente Roque Sáenz Peña, con la decisiva ayuda de su ministro del interior Indalecio Gómez: el 13 de febrero de 1912 fue aprobada la Ley N° 8871 que estableció el voto universal, obligatorio y secreto, y que pasó a la historia como la Ley Sáenz Peña. Fue el gran acontecimiento de la época y uno de los ejes de la gestión presidencial.PUBLICIDADEl fortalecimiento del modelo agropecuario-exportador, el impulso a la industrialización y la llegada de inversiones extranjeras permitieron un gran crecimiento económico y material del país, la expansión de nuestro comercio exterior, el incremento de las obras públicas y la ampliación de la red ferroviaria. En sintonía con este proceso marcado por la prosperidad, continuaron llegando al país numerosos contingentes de inmigrantes europeos, especialmente italianos y españoles.En política exterior, se mantuvieron relaciones pacíficas, cordiales y de cooperación con los países vecinos: entre los logros más relevantes, se solucionaron las críticas tensiones con Brasil y Uruguay, a través de finos gestos amistosos y de buena voluntad y de prudentes negociaciones diplomáticas, que restablecieron la confianza mutua con ambos países. La misma actitud orientó nuestras relaciones con los países europeos y con Estados Unidos.PUBLICIDADLa Municipalidad de Buenos Aires donó los terrenos de La Colonia y el Jockey Club financió la mayor parte de la construcción del complejo habitacionalEn 1912, con motivo de la gran inmigración europea y del crecimiento económico e industrial, se había formado un sector obrero numeroso y con capacidad de lucha y movilización, que se hallaba influenciado y dividido por distintas ideologías traídas por la inmigración: socialismo, anarquismo y sindicalismo. Existían distintos sindicatos y dos centrales obreras que buscaban la unidad obrera: la Federación Obrera Regional Argentina (conducida por los anarquistas) y la Confederación Obrera Regional Argentina (dirigida por socialistas y sindicalistas).Pese al período de riqueza, prosperidad y progreso material que por entonces vivía nuestro país, el proletariado se hallaba en una situación de gran inestabilidad y en permanente inquietud y malestar, preocupado por el aumento del costo de vida, los reducidos salarios, las duras condiciones laborales, deficiencias en asistencia social y la falta de leyes de protección por accidentes de trabajo y por indigencia en la vejez. Según Carlos Ibarguren, ministro de justicia e instrucción pública del presidente Sáenz Peña, “las masas obreras estaban agitadas y descontentas por su continua lucha en pro de la mejora de su existencia”.PUBLICIDADPara revertir su crítica situación y satisfacer sus necesidades sociales y económicas, los obreros realizaron reclamos a nivel político, huelgas, boicots y diversos actos de violencia y terrorismo, siendo los obreros anarquistas quienes manifestaban posturas y acciones más radicalizadas y violentas. En esos hechos intervinieron agitadores llegados del exterior con la inmigración, que promovían la violencia social y lograban influenciar y movilizar a los obreros.La delicada cuestión social provocó gran inquietud en los sectores dirigentes y en otros ámbitos sociales y económicos. Un observador de la época describió a los desfiles de obreros, “que estremecían la calle y los corazones con la fe sombría que se elevaba de su marcha compacta y pesada detrás de la bandera roja y de sus ardientes himnos revolucionarios”.PUBLICIDADLa Colonia Obrera Nueva Pompeya estableció alquileres bajos, seguro de vida para el jefe de familia, ayuda a viudas y una cooperativa de artículos de primera necesidadEl estilo político reformista del presidente Sáenz Peña tuvo cierta coincidencia con las cuestiones sociales. En sus declaraciones, manifestó su preocupación por atender los problemas laborales y del costo de vida y las condiciones del obrero en su persona, lugar de trabajo y hogar, a la vez que prometió impulsar una ley de accidentes de trabajo y la construcción de viviendas baratas.Aconsejado por su ministro Ibarguren, quien se interesaba por la situación de los obreros, el presidente envió al Congreso Nacional un proyecto de ley de su ministro sobre mutualismo, asistencia y previsión social, que incluía seguros de vida y enfermedad y pensiones para vejez e invalidez. Sobre esa iniciativa, Ibarguren recordó: “Hablé largamente con el presidente acerca de la necesidad de encarar la previsión y la asistencia a las masas trabajadoras y de llenar el vacío en nuestra legislación. Le propuse mandar al Congreso un proyecto de ley que organizara la gran mutualidad argentina y después implementar el seguro social. El doctor Sáenz Peña apoyó decididamente este plan autorizándome para someterlo al Congreso”. Todo ello inspiró confianza en el proletariado, pero, por diversas circunstancias políticas, aquellas propuestas no se concretaron.Durante su gobierno, los conflictos obreros fueron solucionados pacíficamente, gracias a la especial intervención del ministro del interior Indalecio Gómez, quien mostró firmeza, imparcialidad, justicia y capacidad de negociación: así logró mediar con éxito para poner fin a sendas huelgas de ferroviarios y portuarios y satisfacer los reclamos de los trabajadores. En 1912 se produjo el Grito de Alcorta, una gran huelga de arrendatarios rurales del sur de la provincia de Santa Fe: la crisis se superó por medios pacíficos cuando los huelguistas lograron sus objetivos al llegar a un acuerdo con los propietarios.En paralelo a las promesas e intenciones del gobierno nacional en materia social, surgió, desde el ámbito privado, una importante acción que llevaron adelante las Damas Vicentinas de la Sociedad de San Vicente de Paúl, la cual tuvo, como resultado concreto, el surgimiento de la Colonia Obrera Nueva Pompeya.Roque Sáenz Peña asistió a la inauguración de La Colonia Obrera Nueva Pompeya el 17 de octubre de 1912 junto a autoridades civiles y eclesiásticasLas Damas Vicentinas que dieron origen a La Colonia, era un selecto grupo de señoras de la aristocracia porteña, muy caritativas y piadosas, y con gran sensibilidad y compromiso en el campo social. Colaboraron mucho con la iglesia católica y desplegaron una intensa actividad entre los sectores pobres, humildes y populares.Muchas Damas Vicentinas eran esposas o familiares de relevantes e influyentes figuras de la dirigencia política nacional, lo cual les permitía mantener contactos hasta con la presidencia de la nación, y desde ya tenían también fluidos vínculos con las altas autoridades de la iglesia católica. Cabe señalar que la caridad cristiana ejercida por las Damas Vicentinas y por otras señoras de la elite argentina eran prácticas propias de la época, una suerte de moda de aquellos tiempos.En 1912, las Damas Vicentinas promovieron una importante iniciativa para atender los serios problemas de vivienda que afectaban al proletariado y a la gente humilde en general. Así, propusieron la construcción de un complejo habitacional destinado especialmente al personal doméstico que trabajaba para las Damas Vicentinas, pero también a obreros (muchos eran inmigrantes italianos y españoles) y a gente humilde en general, con sus respectivas familias. Se buscaba brindarles un adecuado espacio de contención en un ambiente social y religioso encuadrado en el catolicismo, a fin de evitar que fueran influenciados por las ideologías más radicalizadas y violentas (anarquismo) o que terminaran arrastrados hacia la marginalidad.El sitio elegido para construir su complejo de viviendas fue el barrio de Nueva Pompeya, en la ciudad de Buenos Aires. Ubicado en la periferia sur de la Capital, era un barrio de tierras bajas, anegadizas e inundables por su cercanía con el Riachuelo, que desde fines del siglo XIX creció gracias a la urbanización y al impulso industrial. Contaba con una población obrera y humilde, con muchos inmigrantes, que trabajaba en mataderos, curtiembres, talleres y fábricas de la zona. Era un barrio popular y vinculado al tango, a tal punto que el poeta Homero Manzi lo bautizó como “barrio de tango”.La creación de la Colonia Obrera Nueva Pompeya respondió a la crisis habitacional del proletariado en un contexto de inmigración, conflictividad obrera y reforma socialEl espacio específico seleccionado por las Damas Vicentinas para llevar adelante su proyecto fue la manzana delimitada por actuales calles Alfredo Gramajo Gutiérrez, Alberto Einstein, Traful y Cachi, hoy día separada del Hospital Aeronáutico Central por la plazoleta Helen Keller y la calle Lynch. Esos terrenos pertenecían entonces a la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, que los donó a las Damas Vicentinas para levantar el complejo que se convertirá en La Colonia. Las obras de construcción de las viviendas fueron costeadas por la Sociedad de San Vicente de Paúl (que facilitó 50.000 pesos) y, especialmente, por el aristocrático Jockey Club, que aportó la importante suma de 400.000 pesos.La Colonia Obrera Nueva Pompeya fue inaugurada oficialmente el 17 de octubre de 1912. Al acto asistieron, entre otras autoridades, el mismísimo presidente de la nación Roque Sáenz Peña, acompañado de su esposa doña Rosa González, el intendente porteño Joaquín de Anchorena y el arzobispo metropolitano monseñor Mariano Espinosa. Las autoridades fueron recibidas por las señoras del Consejo General de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Reconocidas damas de la aristocracia porteña y gente humilde del barrio acompañaron con su presencia la inauguración de La Colonia.El diario La Argentina informó en su crónica que “las calles que circundan el núcleo de casas, habían sido convenientemente adornadas por la Dirección de Paseos, con plantas y flores, animando el acto la banda municipal que con tanto acierto dirige el maestro Malvagni”, mientras que la revista PBT registró que “la primera ocupante de una de las casas fue la señora Generosa Fernández, con sus cinco hijos”.En su discurso de inauguración, la presidenta del Consejo General señora Tezanos Pinto de Uriburu destacó que el fin esencial de la institución era “practicar la caridad cristiana, y que sus asociadas estaban en diario contacto con los menesterosos, cuyo alivio procura, lo cual les han permitido apreciar en su triste realidad la situación angustiosa de la familia obrera en lo concerniente a la habitación”.La Sociedad de San Vicente de Paúl desarrolló una obra de caridad y asistencia social que dio origen a proyectos como La Colonia en Buenos AiresLa titular de las Damas Vicentinas señaló que “en el populoso barrio de Nueva Pompeya, por estar rodeado de fábricas y talleres, resultaba apropiado para que se levantara allí la habitación de los trabajadores, ya que a la sociedad vicentina la animaba el propósito de mejorar el hogar obrero”. También agradeció muy especialmente a la Municipalidad de la Capital por la donación de los terrenos y al Jockey Club por su importante aporte económico.La señora Tezanos Pinto de Uriburu comentó que las casas de La Colonia iban a “albergar a los trabajadores con familia, sin otras obligaciones que las que impone la observancia del reglamento, cuya base fundamental son el orden y la moral”; mencionó que se establecía un módico alquiler y que los inquilinos recibirían beneficios especiales, tales como un seguro de vida para el jefe de familia y la exención del pago de alquiler para las viudas de obreros durante la minoría de edad de sus hijos. Como complemento de las viviendas, se instaló una cooperativa para proveer a los obreros de artículos de primera necesidad a precio de costo y una escuela doméstica gratuita donde las hijas de las familias adquirirían conocimientos prácticos para la vida del hogar.Finalizada la inauguración, el presidente de la nación Roque Sáenz Peña y las demás autoridades recorrieron las casas y el arzobispo metropolitano monseñor Espinosa bendijo las flamantes instalaciones; luego pasaron a un pequeño salón, donde se sirvió un lunch. Entre la numerosa concurrencia, merece destacarse la presencia de la señora Adelia María Harilaos de Olmos, quien, en reconocimiento por sus importantes obras de ayuda a la iglesia católica, fue distinguida por el mismísimo Papa con el título de Marquesa Pontificia.Para vivir en La Colonia, debían justamente observarse estrictas reglas de moral, conducta y convivencia, las cuales se hallaban impresas, enmarcadas en un cuadrito y colgadas en la puerta de cada casa. Las Damas Vicentinas visitaban periódicamente a cada una de las familias para asistirlas y comprobar el cumplimiento de las normas de conducta: las familias tenían la obligación de dejar pasar a aquellas señoras a sus casas para realizar sus tareas de supervisión.Para acceder a una vivienda, uno de los requisitos era estar casado por la iglesia católica. También se debía guardar un comportamiento acorde a la moral cristiana, mantener el respeto mutuo entre los vecinos, respetar horarios y cumplir los correspondientes horarios de silencio. Así, La Colonia tuvo históricamente una fuerte impronta católica. A las familias con varios hijos, se les brindaba una ayuda especial.La Colonia conserva 92 casas, una torre con reloj y gruta de la Virgen de Lourdes, y mantiene su administración en manos de la Sociedad de San Vicente de PaúlLas normas establecidas por las Damas Vicentinas estuvieron vigentes durante muchos años. Si bien el paso del tiempo fue haciendo perder vigencia a la otrora estricta aplicación de aquellas normas, hoy día existen reglas no escritas entre los vecinos que sirven para mantener las normales relaciones de armonía y convivencia.La Colonia posee una calle central con orientación sur-norte y cuenta con un pasaje interno peatonal que rodea toda la manzana. Está compuesta por un total de 92 casas de sencilla arquitectura, la mayoría de una planta, aunque unas pocas son de dos plantas; casi todas cuentan con uno ó dos ambientes y algunas con tres. La calle principal divide al complejo en dos sectores: oeste (donde se agrupan las viviendas con numeración par) y este (que concentra las viviendas con numeración impar).En el centro de la manzana, se encuentra una gran torre que posee un reloj con carrillón de cuatro caras, campanario y mirador, todo comunicado por escalera caracol. En su interior se conservan las campanas, existe un tanque de agua (que nunca funcionó) y alguna vez funcionó una biblioteca popular. Junto a la base de uno de los lados de la torre, se encuentra una gruta dedicada a la Virgen de Lourdes, que constituye un sitio de fe y convocatoria social: allí, todos los miércoles, se reza el rosario y se celebra misa, mientras que en el día de la Virgen de Lourdes (cada 11 de febrero) se realiza una importante misa con numerosa concurrencia. Como detalle, junto a la torre se realizó en 1912 la bendición de la Colonia Obrera Nueva Pompeya.Tradicionalmente, las viviendas se pasaban de generación en generación, una costumbre que se mantuvo desde los comienzos y durante mucho tiempo. Adrián Marenzi es vecino de La Colonia desde hace 47 años, gasista matriculado, profesor de judo y hasta fue instructor de defensa personal en el entonces Centro de Instrucción Profesional de Aeronáutica, hoy Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea Ezeiza: él señaló que “las casas eran para la gente humilde, y que después les fueron quedando a sus hijos y a sus nietos, de familia en familia”.Respecto a lo anterior, se destaca la historia de la esposa de Adrián, Carmen Sevilla, quien vive en La Colonia desde su nacimiento, habiendo sido su abuela una de las flamantes inauguradoras del complejo en 1912. Durante 44 años, Carmen trabajó en el Hospital Aeronáutico Central en las áreas contable y jurídica.La Colonia tuvo históricamente una fuerte impronta católica: exigían para acceder a una vivienda estar casado por iglesia y guardar un comportamiento acorde a la moral cristianaPara atender las necesidades sociales de La Colonia, las Damas Vicentinas construyeron también una escuela y hasta un hospital de tres pisos. Posteriormente, este hospital fue donado al Estado por las Damas Vicentinas y se convirtió en el Hospital Regional Tecnológico Beato Roque González. En 1952 dicho hospital fue transferido a la Fuerza Aérea Argentina, institución que amplió su estructura con la construcción de más pisos y que lo convirtió en el actual Hospital Aeronáutico Central, creado el 13 de marzo de 1953 e inaugurado oficialmente el 19 de octubre de 1954 con la presencia del entonces presidente de la nación general Juan Domingo Perón.Si bien las Damas Vicentinas se desvincularon del Hospital cuando éste pasó a la Fuerza Aérea Argentina, no obstante, por lo menos hasta 1995, una hermana vicentina muy mayor asistía al Hospital Aeronáutico Central para visitar enfermos, tal lo referido por el comodoro retirado José María Prieto.Desde su inauguración en 1912 hasta la actualidad, las viviendas no pertenecen a quienes la habitan, sino que abonan un módico alquiler mensual (que se abona a través de transferencia), el cual, junto a la administración general de La Colonia, están cargo de la Sociedad de San Vicente de Paúl. Quienes desean vivir en la Colonia Obrera Nueva Pompeya deben inscribirse en una suerte de lista de espera en la sede de la Sociedad (ubicada en Riobamba 258, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires) y aguardar hasta que alguna de las viviendas se desocupe.La Colonia fue escenario de numerosas películas y series de televisión, especialmente las dedicadas al tango y a la música popular. Allí se filmó una de las últimas películas de la impactante Isabel Sarli, la memorable y querida Coca, quien protagonizó una de las escenas junto a la gruta de la Virgen de Lourdes; nuestro entrevistado Adrián relató que en esa oportunidad se sacó una foto con la Coca, a quien recuerda como una persona afable, amable y muy conversadora.La Colonia Obrera Nueva Pompeya (La Colonia para sus vecinos) es un testimonio más de la activa y desinteresada labor caritativa y social de las Damas Vicentinas, a la vez que constituye una expresión de la acción coordinada entre una institución privada del laicado católico y de la misma iglesia católica para colaborar con el Estado en la contención de problemas y crisis sociales que afectaban a nuestro país en las primeras décadas del siglo XX.
Un barrio dentro de otro barrio: la historia de la Colonia Obrera Nueva Pompeya y el proyecto de un grupo de damas de la aristocracia
Es una manzana compuesta por un total de 92 casas anclada en el sur de la Ciudad de Buenos Aires y con más de un siglo de historia. De arraigue popular, cristiano y de arrabal, hasta el poeta Homero Manzi lo bautizó como “barrio de tango”, esconde una leyenda vinculada la caridad cristiana de las Damas Vicentinas y a un plan de construcción de viviendas para personal doméstico y obreros








