Pluma invitadaComo ciudadanos, no podemos mantenemos en la conformidad de los discursos bonitos.

Prepárese para que se levante nuevamente el telón. Dentro de unos meses comenzará el espectáculo que cada cuatro años ocupa plazas, carreteras, redes sociales y titulares. Cambiarán algunos rostros, aparecerán nuevos personajes y los libretos tendrán ligeros ajustes; pero la función será, en esencia, la misma: promesas grandiosas, soluciones instantáneas y la ilusión de que ahora sí todo será diferente. Veremos cómo copian mensajes de países vecinos con el propósito de “darle atol con el dedo” a la población, saludando con sombrero ajeno el éxito de acciones efectivas en otras naciones para vendernos una esperanza de cambio.

El pasado 21 de junio se celebraron elecciones en Colombia. El candidato ganador, como buen camaleón, se transformó en un Bukele colombiano, prometiendo mano dura contra el narcotráfico, el terrorismo y el crimen. No es casualidad que en distintos países de la región los candidatos comiencen a parecerse entre sí. Los estrategas descubren qué narrativa genera más apoyo y rápidamente la exportan como si fuera una fórmula universal.

En Guatemala, no debería extrañarnos que todos los candidatos coincidan en el mismo discurso. Pero no lo ofrecerán con intención de cumplirlo, sino porque saben que eso es lo que todas las naciones piden: paz, tranquilidad y oportunidades para prosperar. Lamentablemente, será muy difícil discernir quién lo dice por convicción y quién solo por repetir el libreto.