Actualizado S�bado,
junio
01:42La camiseta de los All Blacks, la m�a es talla M, pesa unos 257 gramos. Pero �qu� significa? Para empezar, curiosidad. Unos d�as antes de que en Valladolid se disputen las Series Mundiales de rugby a siete, he sido convocado -con ropa deportiva- para un encuentro con los All Blacks y las Black Ferns, las selecciones neozelandesas. Lo organiza la marca Tudor, que las patrocina con su filosof�a 'Born to Dare', y se desarrolla en Arroyo de la Encomienda (Valladolid).Cuando me preguntan si jugu� al rugby siempre digo la verdad. "Rellen� algunas alineaciones en el puesto de ala". Si alguien insiste en saber qu� tal, recurro, como un aut�ntico ala, a la evasi�n. "Corr�a r�pido". Han pasado 35 a�os. Pero ni entonces hubiera dado el pego a nuestros entrenadores. El ingl�s Sam Katz, ex jugador de El Salvador, uno de los mejores extranjeros que han llegado a nuestro pa�s; y Perico Mart�n, ex internacional del VRAC y actualmente en el staff de la selecci�n espa�ola de seven. Entre ambos dirigen los Arroyo Lions y este d�a, delicad�sima misi�n, adiestran bajo el implacable sol castellano a una quincena de voluntariosos periodistas.A Bradley Tocker, lo explicar� despu�s, ser un All Black le aporta "viajar, jugar en un escenario global y demostrar qu� eres capaz de hacer". A Justine McGregor, su reciente incorporaci�n a las Black Ferns le empuja a "fijarse nuevos objetivos". La camiseta del helecho supone un desaf�o de autoexigencia. Los invitados nos enfundamos en ella con respeto, salimos al campo, nos pasamos el mel�n, probamos una patadita, lo posamos en el suelo.Al rato llegan en una elegante furgoneta, por supuesto negra, los protagonistas de verdad: Bradley Tocker, Regan Ware y Ngarohi McGarvey-Black. Minutos despu�s aparecen ellas. Danii Mafoe, Justine Mc Gregor y Maia Davis. Al principio parecen t�midos, luego amables, siempre pacientes. Han entrenado antes y pese al cansancio muestran muy buena disposici�n."En el rugby se avanza en equipo". Lo recalcan Sam y Perico. Lo concreta la federaci�n neozelandesa en sus normas sobre las im�genes de este encuentro: no pueden centrarse en un solo jugador o jugadora, tienen que salir al menos tres. En algunas aparecemos nosotros entre la compostura y la impostura, en mi caso sin riesgo alguno de confusi�n.El redactor, con peto blanco y gorro, observa c�mo se eleva al saltador en un saque de lateralTudorEsa importancia del valor colectivo remite a los All Blacks y a las Black Ferns a sus ra�ces. Los jugadores acostumbran a entonar juntos una canci�n maor� antes de cada sesi�n. "Es una conexi�n con nuestra procedencia, la seguridad de que estamos en la misma onda", explica Ngarohi McGarvey-Black. Las jugadoras suelen bailar en c�rculo y, apunta Justin McGregor, hacen el p�kana, ese gesto de extender la barbilla y mostrar el blanco de los ojos para compartir energ�a, proyectar fiereza. Maia Davis cuenta que en el t�nel de vestuarios coge la mano de la jugadora que la precede y da la suya a la que va detr�s. "Lo hacemos todas, de una en una".Sam y Perico nos dividen para jugar un tocado (un partido informal y sin placaje) a lo ancho. Me dan un peto blanco que no aplaca el sentimiento All Black. Avanzar con el bal�n y encontrarse de frente con los 1,90 largos de Bradley Tocker anticipa el eclipse del 12 de agosto: de repente su camiseta negra envuelve el horizonte. Los neozelandeses a�aden a su maestr�a una planta de superatletas. Las internacionales no llaman la atenci�n por su envergadura, s� por su destreza para desplazar el bal�n. "Somos fans de c�mo entrenan y compiten", dice de ellas el jugador Regan Wade. Porque si los All Blacks constituyen el equipo m�s carism�tico del planeta oval, las Black Ferns han conquistado los dos �ltimos oros ol�mpicos.En el rugby a siete, comenta Ngarohi Garvey-Black, "el juego te encuentra a ti, simplemente dejas que fluya tu instinto natural y por eso es tan divertido de ver y jugar". En nuestro partidillo los neozelandeses facilitan el juego, tratan de que el bal�n circule de mano en mano. Aunque evitan movimientos bruscos, avanzan al trote y se divierten. Los dem�s derivamos hacia el caos, con m�s risas que carreras y alguna ca�da sin consecuencias.Un momento del partidillo informalTudorLos All Blacks desgranan la coreograf�a de fuerza y coordinaci�n para elevar a los saltadores en los saques laterales. La sorpresa final es el drop, la est�tica patada a bote pronto. Los principiantes, desde la l�nea de 22 y frente a los palos. No parece muy dif�cil. Los neozelandeses y el anfitri�n Sam se desvelan por descubrirnos las claves. Ni as�. Con cada bal�n desviado, y son muchos, vuela un poco de nuestra anhelada �pica.Al t�rmino de la sesi�n los All Blacks firman balones, responden con detenimiento a unas preguntas enviadas d�as antes. "Es un gran privilegio formar parte de las Black Ferns por toda la gran historia que nos precede", sentencia Danii Mafoe.Para estos deportistas que la honran, su camiseta negra simboliza la superaci�n, el v�nculo con el equipo, el homenaje a las ra�ces, ese legado secular. Para m� es un regalo que la fortuna, caprichosa como el bote de un bal�n de rugby, hizo aterrizar en mis brazos sin m�s m�rito que intentar informar sobre mi deporte favorito. Hoy me la he vuelto a poner, siento sus 257 gramos de inspiraci�n, para recordar el d�a que me vest� de ef�mero, improbable All Black de pelo blanco.











