A RZapatero y a PS�nchez les esperan grandes humillaciones. De un refinamiento extremo. Llegadas de sus propias filas. Cada una de ellas una lanzada.La primera se la ha asestado a Zapatero una persona que este conoce bien, con la que ha compartido ejecutivas, m�tines, mesa y mantel. Les hemos visto, en el pasado, abrazarse, lisonjearse, celebrar victorias, lamerse heridas. Luego (ayer como quien dice) vino el distanciamiento. Y las malas intenciones. Los sobrentendidos malvados, los �tu tiempo pas�. La manera que ha tenido el m�s joven de llamarle viejo y acabado a quien idolatr�.Hace a�os me contaron en Le�n una historia. Como de filand�n. No s�, en Le�n no hay mucha gente con imaginaci�n para inventar una cosa as�, y Zapatero, un alma de c�ntaro, pudo circular de s� mismo eso y m�s, quiz� porque siendo de Valladolid se tiene en mucho. Lo que con tanta gracia dec�a Ferlosio: peer en olla. V�ase a �scar Puente. Se la brindo a quien vaya a escribir en el futuro la novela del grande hombre. Empezarla por ah�. Magn�fica historia de sus tiempos de estudiante.Llega la noche. Sus padres, con los que vive en el barrio de los m�os, se retiran a dormir, y la casa queda sosegada. Todo es silencio. Le�n, Espa�a, el universo duermen, y el joven Julien Sorel, quiero decir el entonces Jos� Luis, baja a la cochera donde su padre estanca su, pongamos, R-12. El joven se desliza en �l e introduce una cinta en el caset. Cada noche una cinta, y en cada cinta un discurso. Se oye una voz enardecida, de sobrada elocuencia. Habla el entonces presidente del Gobierno, su �dolo. La distancia de Le�n a Madrid le parece sideral al joven; el salto de una ciudad de provincias a la capital, gigantesco. Oye algunas frases, detiene el caset, memoriza. Las repite palabra por palabra, los mismos giros, el mismo tono, la oratoria. Como un actor. Rebobina. Vuelve a poner en marcha el caset y esta vez su propia voz se suma a la de Felipe Gonz�lez, palabra por palabra, los mismos melismas, las mismas pausas. Cuando el auditorio que escucha a Gonz�lez lo ovaciona enloquecido, el joven acepta satisfecho esos aplausos como si fuesen dirigidos a �l. Se sonr�e. Por su esfuerzo. Por su memoria. Por su ambici�n. Aprendido ese caset, vendr�n otros. Los discursos completos del presidente. En sus propios m�tines le imita sin rebozo: es ya un Dem�stenes.Y, en efecto, un d�a el tr�gico azar de unos atentados le lleva, contra toda esperanza, a sentarse en el trono de aquel a quien tanto admir�.Y a nuevos logros, nuevas ambiciones: la Moncloa se le queda peque�a y quiere ocupar en la Historia el lugar que hasta ese momento ocupaba FGonz�lez. No cejar� durante a�os en ese prop�sito: la ley de Memoria Hist�rica le garantizar� el futuro, refundando la Segunda Rep�blica, �el periodo m�s luminoso de Espa�a�, en su opini�n.Ese trabajo de coloso, que cont� con un providencial PS�nchez, hizo de �l un iluminado, un gran nefelibata, un faro, un referente. Pero eso se trunc� hace unas semanas: �Zapatero imputado�. Feo asunto del que se servir�a Gonz�lez, que siempre lo consider� un pigmeo, para lanzar su menoscabo: �Yo, la verdad, no lo veo con capacidad para montar una ingenier�a financiera como la que estoy viendo�. A��dase que cuando Gonz�lez pronunci� la palabra capacidad, levant� las manos a la altura de su cabeza y las movi� simulando los hemisferios de un cerebro.Cuando unos d�as m�s tarde se descubri� el alijo de las joyas de Zapatero, Gonz�lez le asestar�a la definitiva. Lo que se le dice a un carterista, a un descuidero, a un chorizo pillado in fraganti: �Que las devuelva cuanto antes�. Suponiendo, en el mejor de los casos, que sea un �regalo de Estado�, y no un pago, una comisi�n o un blanqueo. La de Longinos, comparada con esta, fue un rasgu�o.La humillaci�n que ha infligido Rufi�n a PS�nchez hace tres d�as en el Parlamento ha tenido que parecerle a este doblemente humillante: por el tono (el de un buf�n que parece preguntar cuando en realidad afirma: ��Ustedes han robado?�) y por verse obligado a tolerarle las insolencias. Un rey que necesita de su buf�n para seguir en el trono: �Yo negoci� durante semanas con Jos� Luis �balos [hoy condenado a 24 a�os de c�rcel] la primera investidura del presidente S�nchez. Su palabra era la palabra de Dios, y Dios era Pedro S�nchez. As� que [farsante], menos caritas�, le dice a quien le est� poniendo ojitos de caramelo; �y no me cuentes milongas�, remat� sin apearle el usted. Delante de toda Espa�a.A estas humillaciones seguir�n otras. No han hecho m�s que empezar. Se envilecen incluso a s� mismos (anteayer los socialistas, en pie, ovacionaron y rieron, como en una juerga de borrachos, la humillaci�n que sit�a a PS�nchez fuera de la democracia, lo que tambi�n le ocasion� a este una risa loca, de loco).Pero nada, en el fondo, comparable a esto.Si la mayor humillaci�n sufrida por la izquierda fue ver morir a Franco en su cama, la de esta democracia ser� la de no haber encontrado entre los diputados un pu�ado de personas decentes que acaben con esta triste pesadilla. Sobre todo entre esos socialistas que negar�n a S�nchez y a Zapatero cuando llegue el momento. Los mismos que hace pocos a�os aplaud�an a �balos puestos en pie, cobardemente, cuando todos ellos sab�an, sub rosa, que era un puta�ero. Los mismos en lapidarle hoy, llen�ndoseles la boca con sus �caiga quien caiga�.