Hace casi dos décadas que José María Aznar se despojó del bigote presidencial, pero retiene la capacidad de condensar en pocas palabras cada momentum del PP. Lo hizo en 1994 desde la tribuna del Congreso con el “¡Váyase, señor González!” para llegar a la Moncloa, y lo ha hecho esta legislatura con el “quien pueda hacer, que haga” para derrocar a Pedro Sánchez. Entre la intervención de Aznar en aquel debate sobre el estado de la nación y la de Alberto Núñez Feijóo de esta semana en la Cámara Baja se pueden trazar algunos paralelismos: las causas por corrupción que afectan al PSOE se convierten en una impugnación al presidente; cuaja el relato de que estamos ante un fin de ciclo, y se sincronizan fórmulas dialécticas que buscan hacer fortuna en los titulares.Feijóo y Aznar, en un acto del PP Dani Duch / PropiasJunto al ¡Váyase! –creación de Miguel Ángel Rodríguez–, Aznar preguntó al entonces presidente: “¿Cuál será el próximo escándalo, señor González?”; Feijóo lo reconvierte ahora en algo personal: “¿A qué hay que esperar ahora? ¿A que le llegue un suplicatorio al señor P.S.?”. Aznar declinaba el sustantivo responsabilidad , y Feijóo cierra el círculo convirtiendo a Sánchez en “nexo corruptor”. En ambos casos se elude presentar una moción de censura condenada a la derrota, y se apuesta por ahondar en la degradación.Los duelos entre Feijoo y Sánchez acostumbran a caer del lado del presidente, pero esta semana, más allá de la inquina que se profesan ambos, lo que se dirimía era el grado de soledad de Sánchez y cómo se da continuidad a la legislatura cuando todos hacen cábalas electorales y los siete votos decisivos de Junts son incontrolables. Los aplausos en la bancada socialista al final del pleno no eran un muro de contención frente al PP, abonado a los gritos de “dimisión”. Era una cuenta atrás, un “seguimos aquí” teñido de frustración e impotencia ante los informes policiales. Sin control sobre el calendario judicial y con la amenaza latente de una imputación del PSOE y hasta de su líder. La falta de alternativa política viable mantiene a Sánchez en el poder, pero eso no frena el deterioro del debate y las instituciones.La incomodidad entre los socios va en aumento, por las formas y por el fondo de los intercambios entre Sánchez y Feijóo. El presidente los condiciona con el espantajo de la ultraderecha, pero no convence ni a Gabriel Rufián; y Feijóo arremete contra el PNV y Junts en lugar de seducirlos. Las reticencias de Rufián sobre la legislatura no han movido a la dirección de su partido, que necesita de un nuevo periodo de sesiones para que la propuesta de financiación y la quita del FLA se voten, pero también porque, sin la aplicación de la amnistía, Oriol Junqueras sigue inhabilitado y ERC sin candidato en Catalunya.Sánchez ha convertido el retorno de Carles Puigdemont y la habilitación política de Junqueras en objetivo final de legislatura. El previsible aval de la justicia europea a la ley de Amnistía el 16 de julio marcará el camino del Tribunal Constitucional, y está por ver la reacción del Supremo. Con ERC abonada a la negociación, el retorno del líder de Junts se supone como principal elemento de distensión posconvergente.En Junts, dan por hecha una mayoría PP-Vox desplegando políticas contra CatalunyaLa relación está oficialmente rota, y todos los miembros del PSOE en la mesa de negociación de Suiza están imputados judicialmente o han sido interrogados por la Guardia Civil. La agenda de José Luis Rodríguez Zapatero demuestra que el expresidente tenía la confianza de Puigdemont y mediaba en cada crisis. Ahora Junts cree que Sánchez está amortizado y que el PSOE tendrá que refundarse sí o sí tras las próximas elecciones, de ahí su propuesta para aplicar ya la “vía Starmer”.En Junts, dan por hecho una mayoría PP-Vox tras las elecciones desplegando políticas contra Catalunya. El relevo anticipado de Sánchez se plantea como una sacudida al mapa electoral en un intento de preservar la denominada mayoría plural . El “subterfugio” posconvergente es indigerible para el PSOE, porque supone liquidar al líder y asumir una derrota de antemano. Puigdemont no quiere atarse a Sánchez, pero ¿qué réditos tiene la alianza por la derecha? Tras ganar las elecciones en 1996, Aznar habló catalán en la intimidad para sumar a CiU. Ahora, no se vislumbra una reparación al “Puigdemont a prisión” si el PP va de la mano de Vox.Subdirectora de La Vanguardia desde 2014. En la actualidad estoy al frente de la edición digital. He sido jefa de la sección de Política (2006-2014) . En Europa Press (1995-2006) pasé por Sociedad, Tribunales y Política.