Laura Ramírez I Almonte (Huelva), (EFE).- Los ganaderos almonteños han vuelto a cumplir, como cada 26 de junio, con una tradición ancestral: la ‘Saca de las Yeguas’. En ella, millas de equinos que viven en estado semisalvaje en la marisma la abandonan con dirección a Almonte, revelando la esencia y la libertad de Doñana.

Son más de cinco siglos los que llevan manteniendo de padres a hijos una actividad que, según ha asegurado a las puertas del Santuario de la Virgen del Rocío el presidente de la Asociación Nacional de Criadores de Ganado Marismeño, Diego Díaz, «representa el esfuerzo, la dedicación y el profundo vínculo entre las personas, los animales y la naturaleza».

En 1504 cuando esta tradición quedó regularizada mediante una ordenanza del duque de Medina Sidonia. En ella se citaba la figura del «yegüerizo» del concejo -a día de hoy, junto con los equinos, protagonista indispensable de la cita- y se establecía que el ganado se sacase de los prados acotados por la festividad de San Juan.

Hoy, 522 años después, esos yegüerizos lo han vuelto a hacer. Tras agrupar ayer en el Parque Nacional de Doñana unas 1.500 cabezas de ganado equino de pura raza marismeña y conducirlas a la zona de la Boca del Lobo, en la madre de la marisma, a primera hora de esta mañana los han sacado de su hábitat natural y han puesto rumbo hacia Almonte, permitiendo que Doñana se revele al ajeno -al que no conoce su interior- y lo haga con todo un espectáculo para los sentidos.