La trashumancia ofrece experiencias de ecoturismo desde los picos más altos de la Sierra de Segura hasta las dehesas más cálidas de Sierra Morena. Reconociendo su importancia, la ONU ha declarado 2026 como el Año Internacional de los pastos y los pastores
Antes de que el invierno ofrezca su cara más cruda en los picos más altos de la Sierra de Segura, en la provincia de Jaén, Javier Guerrero, un pastor de 27 años, llega con sus ovejas a las estribaciones del parque natural de Sierra Cardeña y Montoro, en Córdoba, para cumplir con la tradición familiar de la trashumancia. Hijo y nieto de pastores, este ganadero acaba de crear Vida Trashumante, un proyecto con el que busca honrar a sus ancestros y con el que ha querido innovar con el lanzamiento de una línea de aceite de oliva que aprovecha la lana de las ovejas en sus envases y, al mismo tiempo, propone al viajero una experiencia de ecoturismo para realizar alguna de las etapas que los ganaderos emplean en trasladar sus rebaños hasta los pastos y dehesas más cálidas de la Sierra Morena oriental. Más adelante, ya asentada la primavera, llegará el camino a la inversa.
“En Vida Trashumante valoramos el papel del pastor como guardián del paisaje y gestor medioambiental. Nuestro objetivo es ofrecer productos excepcionales que reflejen nuestro cariño por la tierra, revalorizar la vida rural, promover prácticas agrícolas sostenibles y conservar la rica biodiversidad de nuestras sierras”, explica durante los primeros pasos de este viaje trashumante que iniciamos en el municipio de Santiago-Pontones, un pueblo fundado en el siglo XVI por pastores de Cuenca y que se ha convertido en el principal referente de la ganadería extensiva y trashumante.






