En el Estrecho, el narco mueve hach�s tra�do desde el Magreb. En el noreste de Espa�a, a unos pocos kil�metros de Francia, se ha implantado con �xito una econom�a criminal que no vive de introducir la droga, sino de cultivar aqu� el cannabis a una escala que, en provincias como Huesca o Lleida, compite con el melocot�n o la cereza dentro del ranking del valor a�adido bruto del sector agrario.A los capos de la hierba les tumb� la polic�a de su pa�s el narcochiringuito que ten�an montado en el sur de Albania pero ellos se las ingeniaron luego para mantener a flote su negocio porque sab�an que a�n conservaban lo m�s valioso, que es su modelo de ingenier�a delictiva agraria.No fue sencillo despojarlos de su taifa. La operaci�n que orden� Edi Rama contra el pueblo de Lazarat entre el 16 y el 20 de junio de 2014 ten�a m�s de reconquista que de redada, lo que de hecho era, dado que la soberan�a de Tirana en aquella comarca de Gjirokastra terminaba justo antes del primer invernadero.Cientos de agentes, blindados y unidades especiales ascend�an por las laderas mientras los narcos respond�an desde las casas y los tejados con fusiles autom�ticos, granadas, morteros y fuego pesado. Calle a calle, plantaci�n a plantaci�n, el Estado alban�s dobleg� finalmente a los grupos paramilitares de los se�ores de Lazarat.A la postre, perdieron el santuario que ten�an en la capital europea del cannabis, pero no el know-how: c�mo escoger el lugar menos expuesto, c�mo asegurar el agua, c�mo elegir semillas bien adaptadas o camuflar las plantas, c�mo montar los campamentos y vigilar accesos, c�mo defenderse de los �vuelcos� o robos, y c�mo sacar luego la cosecha hacia los mercados europeos.Todo lo que necesitaban los �baron�t e drog�s� —los barones de la droga— era hallar otro lugar donde cultivar su hierba y entre todos los rincones europeos, pocos ofrec�an m�s ventajas que el Prepirineo catalano-aragon�s, que es como se designa esa franja montuosa que conecta la Ribagorza, el Sobrarbe, el Somontano, la Noguera y el Pallars Juss�.EL SALTO A ESPA�AEl Prepirineo no es la alta monta�a de postal alpina, sino su antesala �spera: un pa�s de sierras medias, barrancos inextricables, pantanos inaccesibles, pinares aselvados, mas�as aisladas a menudo en ruinas, cortafuegos, pueblos vac�os y fincas en barbecho que llevan a�os esperando en vano a que alguien vuelva a trabajar la tierra.Para los albaneses, era una versi�n incluso mejorada de su viejo santuario porque es la Espa�a vaciada de la Espa�a vaciada, una tierra salvaje con la densidad demogr�fica del Sahara donde uno puede caminar tres d�as sin cruzarse con un alma. Y es justamente aqu�, donde han creado su Rif espa�ol de la marihuana.No es un secreto que en el Prepirineo se han detectado durante los �ltimos ocho a�os un n�mero casi escandaloso de grandes plantaciones de cannabis, a las que habr�a que a�adir todas las que no han sido derrotadas por los Mossos, la Polic�a Nacional y la Guardia Civil.�Desde 2018, yo he tomado parte en siete operaciones que finalmente se han saldado con 37 detenidos, albaneses en el 97 por ciento de los casos�, dice el comandante jefe del Seprona en Arag�n, Arturo Notivoli. �Todos los cultivos que hemos arruinado pose�an infraestructuras y sistemas muy semejantes a los de Lazarat. Se introducen en el monte a lo largo de febrero, coincidiendo con el final de la temporada de caza mayor, y empiezan a talar �rboles, a preparar las parcelas y a plantar. Ahora permanecen en las plantaciones casi hasta finales de noviembre porque cada vez han ido alargando m�s las recolecciones�, analiza.Antes de asumir el mando del SEPRONA en toda la demarcaci�n aragonesa, el comandante pas� a�os en las comarcas oscenses del Sobrarbe y en la Ribagorza siguiendo con su equipo por el monte las huellas de los delincuentes. Los parajes por los que operaba son tan inaccesibles que deb�a acceder hasta los bosques navegando en balsa por los pantanos, que es tambi�n la ruta oculta de aprovisionamiento de los jardineros albaneses. Aqu�, las narcobalsas surcan las colas de los embalses por la noche.Pocos mandos policiales acumulan su experiencia en la b�squeda de plantaciones. El problema es que hay que saber leer el monte como un trampero viejo o un apache porque los jardineros no suelen dejar rastro. Si bombean el agua desde pantanos como Santa Ana, El Grado o Mediano, entierran las mangueras. Y si hay alguna senda de jabal�es que desemboca en el calvero donde han situado los cultivos la bloquean con empalizadas.Los individuos a quienes se enfrentan las polic�as son capaces de pasar meses fuera del mapa viviendo como maquis o cazadores de osos. �Hablamos de gente muy dura�, dice Arturo Notivoli. �Recuerdo que cuando desmantelamos las macroplantaciones de Secastilla (Huesca), hallamos varios generadores el�ctricos y uno de ellos pesaba casi una tonelada. Para sacarlo de entre los pinos y cargarlo en una embarcaci�n del GEAS en la orilla del pantano necesitamos cuatro hombres fuertes. Y eso que �bamos monte abajo�, recuerda.�Proceden de lugares donde han enfrentado situaciones complicadas y te das cuenta enseguida que no tratas con gente floja. Desmontan todo el bosque, entierran kil�metros de tuber�as y excavan balsas a pico y pala. Luego, tienen que recolectar, mover la hierba a los secadores y sacar a veces miles de kilos de cosecha hasta los puntos convenidos�, prosigue.TRES COSECHAS CADA TEMPORADA�El cambio m�s notable que hemos detectado en el modelo de cultivo consiste en usar un nuevo tipo de plantas gen�ticamente modificadas�, contin�a Notivoli. �Al principio, eran muy altas, de cerca de dos metros. Ahora son m�s peque�as, y cogollan cinco veces m�s. Adem�s, ahora suelen cosechar hasta tres veces en cada temporada�.�Se han enfrentado ya en este Rif espa�ol de la mar�a a grupos armados? �Armas hemos encontrado en alguna ocasi�n�, responde Notivoli. �Se han hallado tambi�n trampas mortales. Pero no las tienen para enfrentarse a las Fuerzas de Seguridad sino para evitar los robos�.Por otro lado, la presi�n policial ha introducido otra mutaci�n en el negocio de los albaneses. El gran cultivo de monta�a debe seguir siendo rentable, a juzgar por el flujo sostenido de incautaciones de cosechas, pero la eficiencia de los cuerpos de seguridad ha sido respondida por los narcos trasladando parte de la producci�n a cultivos bajo techo y reduciendo el tama�o de las plantaciones. Es la misma industria con los mismos capos de hace una d�cada en Lazarat, pero con otra arquitectura dise�ada para minimizar las p�rdidas.Dos agentes de la Benem�rita trasladan a una comandancia a un detenido durante una reciente operaci�n policial. Desde hace casi una d�cada, los clanes albaneses se han hecho con gran parte del negocio tras instalarse en provincias del norte de la pen�nsula.EL MUNDO�Prefieren tener cuatro plantaciones peque�as a una grande�, dice el sargento leridano de los Mossos d'Esquadra, David Mora. �Es un cambio esperable porque, si te arruinan una plantaci�n grande, te pillan un mont�n de pasta. Al principio tumb�bamos cultivos muy respetables en naves industriales. Ahora lo m�s normal es que aparezcan en casas aisladas, pisos o s�tanos con la luz pinchada�.La Unidad de Investigaci�n de la ABP Segri� a la que pertenece Mora no opera en el Pirineo, sino en la comarca de la capital de la provincia y, hasta marzo de 2023, tambi�n en Les Garrigues y el Pla d'Urgell. Su territorio no son los grandes barrancos, sino los m�rgenes agr�colas de Lleida.En Les Garrigues, explica Mora, el fen�meno estall� sobre todo en 2021. Una �bater�a� de albaneses se instal� en la zona y, gracias a un contacto local, alquil� varias fincas de olivos medio abandonadas en lugares de dif�cil acceso para plantar marihuana a gran escala.En octubre de aquel a�o, los Mossos desmantelaron varios cultivos en Castelldans, Torrebesses, Bovera y El Albag�s. Claro que la experiencia dur� poco: aquellos parajes eran duros y discretos, pero tambi�n zonas de paso de cazadores y agricultores de manera que el invento qued� demasiado expuesto. Despu�s hubo algo parecido en Almatret, con mucho secano abandonado y aislamiento, aunque nada comparable —seg�n Mora— a la escala de producci�n del Pirineo.En general, la marihuana que se produce en su demarcaci�n es m�s �dom�stica�: casas aisladas, s�tanos, naves peque�as, habitaciones convertidas en invernaderos y enganches clandestinos a la red. En el monte, el factor cr�tico es el agua. En la ciudad, la luz.Una plantaci�n en una nave con 500 l�mparas puede consumir una barbaridad y seguir oculta entre los consumos de una trama urbana. En el campo, un pinchazo canta antes porque los transformadores alimentan a menudo a muy pocas personas. En un barrio, las compa��as pueden saber que pierden electricidad; otra cosa es localizar la puerta exacta donde la mar�a respira bajo las l�mparas.�Una de las �ltimas tendencias son los pisos ocupados�, asegura Mora. �En esos barrios populares con bloques antiguos de peque�as viviendas, hay gente que dedica una habitaci�n a sacar tres o cuatro kilos por cosecha y luego los deriva a los distribuidores y camellos�, explica.�Hicimos una intervenci�n en el barrio de La Mariola (Lleida) donde hallamos la mar�a en uno de esos pisos cutres de dos habitaciones de los bloques Juan Carlos�, explica el sargento. �En este caso, no llegamos a determinar si detr�s estaban tambi�n los albaneses o los serbios, aunque es lo habitual en la mayor�a de las operaciones. Los cultivadores eran unos gitanos de Tarragona que hab�an tirado los tabiques y cultivaban la hierba en connivencia con otros clanes locales de gitanos�.En ese mismo barrio leridano que menciona David Mora, tuvo lugar el pasado mes de abril una operaci�n contra la droga a gran escala en la que intervinieron unos 200 agentes de los Mossos.COLABORACI�N ENTRE BANDASLo que la polic�a catalana descubri� fue una nueva transformaci�n del modus operandi de los capos de Lazarat: la producci�n albanesa de cannabis hab�a empezado a apoyarse en clanes gitanos locales capaces de ofrecer silencio, pisos, protecci�n y mano de obra.La alianza funciona como un pacto de especializaci�n criminal. Los albaneses ponen el dinero, la semilla, la t�cnica, la infraestructura, el suministro y la salida europea. Los locales cultivan, vigilan y protegen el entorno. Despu�s, los se�ores de la hierba compran la producci�n a un precio cerrado y se quedan con la parte m�s rentable del negocio: sacar la cosecha de Lleida y colocarla en los mercados europeos donde el precio del kilo de cogollo se triplica. La f�brica de marihuana ha dejado as� de depender del barranco y del pantano y ha encontrado su retaguardia urbana.En los registros realizados por los Mossos en abril aparecieron tambi�n armas cortas y largas, abundante munici�n, dinero en efectivo y conexiones el�ctricas manipuladas. La f�brica indoor ha incorporado su propio sistema de protecci�n: cultivo, territorio, silencio, electricidad robada y capacidad de intimidaci�n.
Los barones albaneses de la droga que han convertido el Prepirineo en el 'Rif espa�ol' de la marihuana: "No tratamos con gente floja"
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