La reciente comparecencia del gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, en el Congreso ha puesto el dedo en la llaga de un debate clave para la economía española: la desconexión entre el coste del sistema de protección por desempleo y su eficacia para ayudar a reducirlo. En un contexto de crecimiento de la economía y del número de ocupados, nuestro país tiene las cotizaciones para sufragar las prestaciones más elevadas de todos los países europeos con un sistema similar y la tasa de paro se mantiene por encima del 10%. Algo falla en el diseño del engranaje que une estos dos extremos.La propuesta esbozada por Escrivá apunta al corazón del diseño de las denominadas políticas pasivas de empleo, basado en cuatro pilares o 'palancas' interconectadas: la cotización, la "generosidad" de la prestación (qué porcentaje del salario mantiene la prestación y por cuánto tiempo se percibe), la cobertura (qué porcentaje de parados perciben ayuda) y, por último, el volumen de paro registrado y la tasa de paro.
Se da por hecho que 'tirar' de cada una de estas palancas repercute automáticamente en las demás: una cotización más alta significa cobrar más, una prestación más alta se traduce en un paro enquistado o cotizar menos crearía empleo (por la misma regla de tres, como plantea Escrivá, la recaudación debería reducirse cuando baja el desempleo).












