Por Claudia Dupeirón |

La Habana (EFE).- Los hoteles y las playas de Varadero vacíos y las callejuelas de La Habana Vieja sin extranjeros son la fotografía más descriptiva del desplome del turismo en Cuba, un drama que, más allá de las cifras macroeconómicas, está teniendo un impacto concreto en muchos profesionales y sus familias.

El turismo, una de las tres mayores fuentes de divisas para Cuba, estaba en crisis desde la covid-19, pero la presión estadounidense desde enero ha terminado por demoler el sector, paralizando la llegada de vuelos por la falta de combustible y propiciando la salida de hoteleras extranjeras que operaban en la isla por la amenaza de sanciones secundarias.

Según cifras oficiales, Cuba recibió entre enero y mayo 359.491 turistas internacionales, un 58 % menos que en el mismo período del año anterior, que ya había sido el peor en más de dos décadas (excluyendo los años de la pandemia).

Fotografía de archivo de personas caminando frente al bar y restaurante ‘La Bodeguita del Medio’ en La Habana (Cuba). EFE/ Ernesto Mastrascusa