“Ahora me trato a mí mismo con más compasión”. Quien realiza esta afirmación es David Lladó (Barcelona, 1975). Hace poco más de un año, con 49, supo que era autista, y esa revelación dio sentido de un plumazo a todo lo vivido hasta entonces. De repente, supo por qué los desafíos extremos, a los que está abonado desde hace más de una década en forma de carreras de ultrafondo, eran para él bálsamo y motivación al mismo tiempo. En Kilómetros infinitos (Ed. Plaza Janés) lo narra en primera persona.¿Siempre sospechó que era diferente al resto?Totalmente. No es que fuera una sospecha, sino una certeza. Los autistas no somos alienígenas, somos personas un poco distintas, y desde pequeño fui consciente de que era distinto. Pensaba que estaba roto, que no era capaz de hacer cosas que los otros niños hacían.David Lladó, en una de sus innumerables carreras de ultrafondoOriol Bastista¿Roto?Sí, que no funcionaba bien. Veía por ejemplo que mis amigos disfrutaban de una actividad social y yo era incapaz. Y eso me hacía pensar. “¿Tendré algún problema psicológico?”, me preguntaba. Tampoco entendía algunas cosas que explicaban en clase.Supongo que, aunque fuera de manera inconsciente, siempre buscó un lugar donde sentirse a gusto. Y eso ocurrió en el 2013, cuando hizo el camino de Santiago…Pensaba que ese lugar donde sentirme tranquilo no existía. Pero haciendo el camino empecé a encontrarme a mí mismo. En el silencio de las pisadas que hacía para avanzar, en la compañía de algunas personas con las que me cruzaba de manera puntual durante el trayecto. También estaba el reto: hacer un gran recorrido con el único propósito de caminar.Lee tambiénLo que más le impresionó fue la calma que aflora con el cansancio, explica.Lo que hace el cansancio es desligarte de tus propias imposturas. Siempre ejercemos un rol para con los demás, pero también respecto a nosotros. Y cuando estás realmente cansado, es como si te desligaras de todas esas imposturas y empezaras a poder mirarte hacia dentro y descubrir cómo eres: cómo afrontas los retos, los problemas que van apareciendo en el camino…Después vendría su primera maratón, la de Barcelona. Y es a partir de ahí cuando siente que corriendo el mundo se ordena, cobra sentido.Siempre me motiva el hecho de apuntarme a un reto que, en el momento de la inscripción, sé que soy incapaz de hacer. Y después aplico toda la obsesividad que caracteriza al autismo para intentar prepararme física y mentalmente para superarlo. Me enfoco tanto en el desafío que eso me da calma, como si no tuviera que preocuparme del resto del mundo.Cuenta que es en una charla, en el 2022, donde se le enciende la bombilla y cree que podría ser autista.Sí. Nunca sospeché que pudiera serlo. Ni sabía lo que era realmente. Pensaba que consistía en algo parecido a lo que enseña la película Rain man. Es decir, una persona (el de la película sería un autismo nivel tres) que no es capaz de comunicarse y que tiene serias dificultades para tener autonomía. Pero esa no era mi situación. Y en esa charla supe del amplio abanico que representa el trastorno y ví clarísimamente que encajaba con lo que allí se explicaba.Lladó, antes de besar los pies de la estatua de Leónidas, rey de la ciudad-estado griega de Esparta, punto y final de una de las pruebas de ultrafondo más duras del mundoLVFue como una revelación.A partir de ahí, leía cualquier cosa sobre autismo que caía en mis manos. Y veía que todo sintonizaba conmigo.Y llegó el diagnóstico. ¿Se sintió liberado?Experimenté una gran amalgama de sentimientos. En especial, alivio. Por fin, tienes una definición de lo que eres. Y no eres un bicho raro: estás dentro de un rango de personas. Al final supe que no era culpa mía. Siempre me había sentido completamente culpable por no ser capaz de hacer ciertas cosas. Por ejemplo, repetí curso en 6.º de EGB. ¿A cuántas personas conoces que le haya pasado? Y no era un problema cognitivo. Me sentía tonto.¿De veras?De hecho, hice las pruebas para mayores de 25 años para poder entrar a la universidad y estudiar la carrera de Física. Quería saber si era tonto realmente. Había repetido 6.º de EGB, también 2.º de BUP y cursado tres veces 3.º, que no acabé. Me sentía inteligente, pero a lo mejor era tonto. Y empecé a hacer física.¿Y cómo fue?Descubrí que no era tonto. Por eso quise hacerla. También porque me preguntaba el porqué de las cosas. ¿Por qué funciona el mundo como funciona? Descubrí que la carrera no respondía sobre los porqués, sino respecto al cómo. Recuerdo una conversación sobre la gravedad con un profesor. Le pregunte por qué existía y él me dijo que eso era una cuestión filosófica. Así que me fui a la carrera de matemáticas.¿Por qué?Viendo que no era tonto y que la física no explicaba todos los porqués, lo asumí y opté por disfrutar de la ciencia pura y dura. De física hice dos cursos: mi objetivo no era acabar la carrera. Y de mates completé un semestre. Lo disfruté mucho, pero me ocurrió algo curioso: me convertí en padre. Trabajaba y estudiaba, y ya no llegaba a todo. ¿Quieres saber una cosa peculiar?Claro.Veinte años después de que dejara la carrera de mates, mi hija la ha empezado.Con el diagnóstico, también sintió algo de frustración. ¿Por qué?Porque llegó a los 49 años. Mi vida habría cambiado radicalmente si me hubieran diagnosticado con siete.Dice en el libro que ahora ya no corre para demostrar nada, sino para encontrarse. ¿Qué quería demostrar corriendo?Que era capaz de hacer algo destacable. Quizás me viene de esos complejos de incapacidad. No soy capaz de hacer cosas que para mucha gente son triviales, y ver que podía hacer carreras de ultrafondo era algo potente.Lladó, en plena Spartahlon Cedida¿Necesita correr una carrera tan extrema como la Spartathlon (246 km) para encontrarse? ¿No le vale con una travesía por el Pirineo?No. Porque en una carrera de 246 km llega un momento en que te rompes física y mentalmente. En ese momento, estás tú solo, contigo mismo. En una prueba extrema es donde te permites salir de tus límites y ver cómo eres realmente.Ahora, si echa la mirada atrás sabiendo que es autista, ¿entiende por qué se le dan tan bien las carreras de ultrafondo?Para hacer carreras de este estilo no hace falta ser autista. Pero algunos de los rasgos del autismo te pueden ayudar. Yo no soy un atleta, y es posible que no hubiera podido acabar algunas de las carreras tan extremas que he hecho sin ser autista. En especial, la Spartathlon. Requiere de una cantidad extrema de esfuerzo, constancia, compromiso… y todo esto me lo da la obsesividad del autismo. Sin él, necesitaría de un talento, que no creo tener, para poder hacerlo.La Spartathlon la corrió en el 2023, antes de saber que era autista. Y después de saberlo, en el 2025, la volvió a correr. ¿Por qué?Porque estoy obsesionado con ella. Primero, porque es pura. No es un itinerario que se haya inventado alguien en su casa, sino que recorre lo que hizo un señor [Filípides] hace 2.500 años intentando salvar toda su civilización. También porque potencia el espíritu olímpico. No está permitido llevar publicidad, no hay ni un logo. Para mi, es una carrera única, irrepetible. No hay otra en el mundo que se le parezca. Además, soy un amante absoluto de la historia clásica, así que estoy condenado a correrla más veces.Licenciado en Periodismo por la UAB, trabaja en La Vanguardia desde el 2010. Actualmente, en la sección de Sociedad, donde escribe sobre salud, ciencia o educación. Antes había trabajado en la Cadena Ser y COM Ràdio. jfita@lavanguardia.es