La burbuja de la selección estadounidense se va hinchando cada vez más. Incluso en la derrota en el último minuto (2-3) contra Turquía, pero con una alineación sin nueve de los titulares habituales de Mauricio Pochettino. Hay tal euforia, que los aficionados de EE.UU. ya reaccionan como los seguidores de las mejores selecciones, con la complacencia ante la derrota cuando los partidos carecen de valor práctico. “No importa este marcador”, concluyeron los comentaristas locales.En Los Angeles se enfrentaron los estadounidenses, que ya tenían asegurada la primera plaza del Grupo D, y Turquía, que dejó las maletas listas en el hotel para regresar a casa de inmediato. Fue una de las primeras selecciones en quedar eliminada después de dos debacles decepcionantes ante Australia y Paraguay.Así que no había nada en juego salvo el orgullo, por parte de los visitantes, y los récords desde el lado local.Los de las barras y las estrellas nunca habían ganado dos partidos consecutivos hasta este Mundial, de manera que ganar los tres de la primera fase significaba hacer historia. Ese era el gran reto, que no se logró. Además, el optimismo todavía cotizó más al alza porque el rival de dieciseisavos será Bosnia-Herzegovina, equipo a que deban por ganado antes de bajar del autobús.Ese es el relato, en el que muchos hasta piensan que, por qué no, la selección de EE.UU. pude aspirar al título. Desde los medios serios se alienta esa posibilidad, sin tener presente que todavía no han afrontado un contendiente de verdad.Ese era el ambiente antes del inicio del choque contra Turquía, posiblemente la decepción más grande de esta Copa del Mundo. Y el optimismo lo demostró el Pochettino al actuar como el director técnico de una gran selección. Rellenó el equipo de suplentes, en parte para proteger a los que tenían una tarjeta amarilla, en parte para demostrar poderío y carácter.Lo que no quita que el entrenador no quisiera ganar y demostrar que cuenta con una buena escuadra. Entre los que disfrutaron de una oportunidad fue Timothy Weah, hijo del legendario George Weah, el liberiano que ganó el balón de oro en 1995, que luego fue presidente de su país.La segunda unidad no defraudó y arrancó este choque como los otros dos. A los tres minutos se adelantaron con un gol de Trusty. Era el tercer partido en el que en menos de diez minutos hacían diana.La retórica del autobombo cobró mucha altura. Este equipo estadounidense ya no era el tapado, sino un contendiente, coincidieron los analistas que llevan la camiseta de EE.UU. debajo de la camisa y la corbata. En estas estaban cuando Arda Guler, que por mucho que juegue en el Madrid parecía un títere al lado de estos rivales para los que vestir de blanco es un sueño imposible, recibió una pelota en el centro del área y puso el empate a uno, justo a los diez minutos.Los locales continuaron al acecho, dispusieron de alguna ocasión, pero en el minuto 31, en un contraataque marcó Kökçü. Por primera vez los estadounidenses iban por detrás en el marcador en lo que va de torneo.La historia se repitió, y a los tres minutos de regresar del descanso, Berhalter puso el empate. Los estadounidenses siempre salen a tope de revoluciones.Poco después regresó Capitán América. Pulisic, lesionada tras 45 minutos espectaculares contra Paraguay en el partido del debut, sustituyó a Weah. Su impulso se notó. Hizo una gran penetración por la izquierda y casi hizo subir el tercer tanto. Esa energía se tradujo luego en una extraordinaria atajada al vuelo de Çakir.Los turcos también lo intentaron mientras los estadounidenses perseguían el récord .Los minutos finales fueron un toma y cada, con opciones para ambas escuadras. Pero fue Ayhan, en el 98, quien consoló a su país, si que es que tiene consuelo. Y pese a la derrota, la euforia cotizó al alza en Estados Unidos. “El resultado no importa”, se repitió. Que siga la fiesta.
Los suplentes estadounidenses también alimentan la burbuja pese a perder en el último minuto
Pochettino introduce nueve cambios en su equipo titular, garantizada la primera posición en el Grupo D, con la eliminatoria contra Bosnia-Herzegovina en el horizonte, y sus jugadores solo caen en el descuento














