Alfredo Valenzuela I Sevilla, (EFE).- Un personaje como el capitán Alatriste luchando con un samurai parece requerir mucha imaginación, pero a finales del XVI y principios del XVII ese enfrentamiento fue algo más que un temor de los españoles en Manila, según «España y Japón. Ensueños misioneros y amenazas de guerra» (Biblioteca Castro), del académico e investigador Juan Gil.

Japón carecía de una marina eficaz, pero en 1630 recibió el ofrecimiento holandés de un ataque conjunto a Manila, plan que finalmente se frustró por una revuelta interna japonesa, e incluso antes, en 1592 Japón exigió a Manila que le rindiera pleitesía, lo que el imperio resolvió con ese sistema tan español de «dar largas» enviando embajadas dilatorias.

Imperio demasiado grande

«El imperio era demasiado grande, tenía demasiados problemas, y eso de dar largas en el caso de Japón funcionó, gracias también a la labia del dominico fray Juan Cobo, que le cayó bien a shogun» (líder militar supremo del Japón feudal), ha explicado a EFE Juan Gil, quien ha destacado la curiosidad de que el principal interés de Japón fuese tener una relación comercial directa con Nueva España, el México actual.

El historiador ha elegido el término «ensueño» para calificar la creencia de las misiones franciscanas, que llegaron a creerse capaces de evangelizar a toda una potencia militar como Japón. «El propio shogun, cargado de ironía les explicó a los misioneros que imaginaran el efecto que tendría la labor de una docena de monjes budistas en una ciudad como Sevilla».