El sector vitivinícola español está muy revuelto por el descenso del consumo, la acumulación de deuda y accionistas especulativos que agotan su ciclo inversor y quieren hacer caja. Estas y otras razones han llevado a que en este año se hayan cerrado operaciones sobre Bodegas Riojanas, Freixenet, que ya es 100% alemana, o Marqués de la Concordia, y a que en las mesas de los bancos de inversión estén los folletos de grandes nombres del sector, como González Byass, Codorníu, Bodegas Faustino o Bodegas Torres, por operaciones de venta y renegociación de deudas.La crisis impacta en bodegas con sede en las denominaciones de origen más representativas (La Rioja, Jerez o Cava catalán), pero su alcance va mucho más allá, puesto que se trata de conglomerados vitivinícolas con lagares en otras regiones de España, como Castilla y León, Galicia, Castilla-La Mancha, Valencia o Navarra, y hasta en América (Argentina, Chile, México y Estados Unidos).El consumo interno de vino cayó el año pasado un 5,2%, hasta 936 millones de litros, y las exportaciones descendieron un 2,6% en volumen (1.908 millones de litros) y un 4,3% en valor económico (2.900 millones de euros). Esta evolución tiene que ver con dos causas principales: cambio en el gusto del consumidor y mayor concienciación de la sociedad sobre el impacto negativo de la ingesta de alcohol. De hecho, la caída de ventas afecta prácticamente a todas las bebidas alcohólicas, incluida la cerveza.En el ámbito del vino, el descenso del consumo afecta especialmente al tinto, que es el que ocupa la mayor extensión de viñedo, debido a que el gusto se está desplazando hacia los vinos más ligeros (blancos, rosados, frizzantes y espumosos). Los tintos de guarda, especialmente los reserva y gran reserva, incluso los crianza, están quedando para paladares expertos y veteranos. Esto genera problemas a muchas bodegas que tienen dificultades para dar salida al stock y hacer hueco a la nueva cosecha.En cuanto al mayor cuidado, la encuesta Salud España 2023 señala que la población que bebe alcohol al menos una vez por semana ha descendido al 31,1%, frente al 48,4% de 2006. Lo más llamativo de esta caída es el desplome en los jóvenes (15 y 24 años), donde baja del 44% al 18%, lo que implica que la pauta saludable es más que una moda. En septiembre se publicará la nueva encuesta, con datos de 2025, y dada la evolución de las ventas de alcohol, es de suponer que las conclusiones serán aún mejores para la salud y peores para la industria del alcohol.Este cambio de paradigma en el comportamiento del consumidor ha cogido a buena parte de las grandes bodegas cargadas de deuda por las fuertes inversiones realizadas para incrementar su catálogo de productos, con los que seguir al cliente. En este siglo las grandes marcas abrieron bodegas en Rueda y Ribera y ahora buscan cómo entrar en Galicia para poder ofrecer blancos producidos con uvas de moda como el albariño, godello o treixadura, por ejemplo.Bodegas Riojanas, fundada en 1890 en Cenicero (La Rioja) por la familia Artacho y Ramón Carreras, es un caso representativo. En 1997 salió a Bolsa y este año ha entrado en preconcurso al no poder pagar a los acreedores. En mayo fue rescatada por la familia Arambarri, propietaria de Gevisa Wine Capital (Grupo Vintae), en una operación acordada con los acreedores y que da a esta familia el 90% del capital. ¿Cómo llegó hasta ahí? La respuesta está en las cuentas. El año pasado, los ingresos de Bodegas Riojanas cayeron un 15%, hasta 13,6 millones de euros, casi 7 millones menos que en 2019. En cambio, los costes se han mantenido en cifras similares, de manera que el resultado de explotación ha pasado de 0,8 millones a una pérdida de explotación de casi 3 millones. Al tiempo, se han multiplicado por tres los gastos financieros, de 0,4 millones a más de un millón, lo que provoca que pase de beneficios (337.000 euros) a pérdidas de 4,5 millones. La deuda acumulada alcanzó 25 millones a finales del año pasado.El hecho de que Bodegas Riojanas cotice en Bolsa permite que haya abundante información financiera pública, extraordinaria en un sector que es una suma de pymes familiares poco transparentes. González Byass es otra bodega en dificultades, que por el momento descarta ir a la vía concursal, y que está renegociando con los bancos acreedores una mejora de las condiciones para afrontar una deuda que ronda los 150 millones de euros. Esta compañía cuenta con marcas señeras de Jerez, como Tío Pepe, y también está en Rioja (Beronia), Aragón (Viñas del Vero) o Cataluña (Cavas Vilarnau).Familia Torres también ha iniciado este año la renegociación de su deuda bancaria de 70 millones de euros. Este grupo está en medio de un relevo generacional, y ha contratado hace menos de un año a un ejecutivo francés como director general. El grupo catalán facturó en 2024 alrededor de 240 millones y registró pérdidas de 4,8 millones.La situación del grupo Codorníu es diferente, ya que en este caso la razón de buscar un cambio de propiedad no se debe a la situación financiera, sino a que el fondo de capital riesgo Carlyle, que compró el 68% de la compañía en 2018 con una valoración del conjunto de 390 millones de euros, pretende salir ahora con una ganancia del 100% en siete u ocho años, y no encuentra quien pague esos precios.Otro caso es el de Bodegas Faustino, propiedad de la familia Martínez Zabala, que a finales de 2025 contrató al banco de inversión Rothschild para que valorara la compañía, lo que se entendió como el primer paso para su venta, proceso que parece parado. Este grupo cuenta con bodegas en Rioja (Faustino, Campillo y Marqués de Vitoria), Navarra (Valcarlos), La Mancha (Leganza) y Ribera del Duero (Portia), factura también casi 240 millones de euros y tiene un resultado de explotación positivo de 50 millones.Son algunos ejemplos que ponen de manifiesto el reto en el que se encuentra un sector cuyo impacto va más allá de la mesa. La viticultura es vital para el sostenimiento de la población en comarcas repartidas por toda España. El viñedo español ocupa 889.500 hectáreas, una extensión algo mayor que la Comunidad de Madrid. Es el mayor viñedo del mundo, un mosaico que define el paisaje de este país y que empezó a construirse hace 3.000 años, cuando los fenicios trajeron a Cádiz la primera vid. El vino forma parte de la cultura española y ha resistido tres milenios de modas que vienen y van. Ahora, pintan bastos.
La caída del consumo de vino ya hace daño a grandes bodegas
Compañías bandera de diferentes denominaciones renegocian la deuda y cambian de dueño ante las malas perspectivas









