Dentro de la Unión Europea, el roaming ya no preocupa: un turista español paga casi lo mismo que en casa. Pero al cruzar las fronteras comunitarias —hacia Turquía, Marruecos o EE.UU.— se entra en un terreno de tarifas opacas, donde las diferentes operadoras de telefonía imponen sus reglas.

En Marruecos, los datos con pueden alcanzar los 12,10 € por megabyte: ver un vídeo corto en TikTok se vuelve un lujo, y las vacaciones se convierten en una preocupación constante por la factura.

Ante esta realidad, los nuevos proveedores de Travel eSIM están revolucionando la conectividad internacional. La empresa suiza Yesim, pionera del sector, ofrece una alternativa a los costosos contratos tradicionales: una conexión global, transparente y sin costes ocultos.

Las grandes telecos pierden terreno rápido. Según Juniper Research, las conexiones móviles con eSIM crecerán un 300 % para 2030, de 1.200 millones en 2025 a 4.900 millones, y el mercado de las eSIM para viajeros casi se quintuplicará hasta los 8.700 millones de dólares, frente a los 1.800 millones actuales. Se prevé que los operadores dejen de ingresar más de 11.000 millones de dólares en todo el mundo por su expansión.

El roaming se diseñó para una época en la que el móvil servía sobre todo para llamadas puntuales. Hoy el viajero necesita conexión permanente para mapas, taxis o pagos, y la previsibilidad del gasto es una necesidad. Fuera de la UE, en cambio, sigue generando incertidumbre sobre cuándo empieza la tarificación o cuánto costará. La Travel eSIM es una evolución natural —como el streaming sustituyó a los CD—, pero ahora el control del presupuesto vuelve al usuario.