Solomy Balungi Bossa (Uganda, 1956) estrecha la mano con suavidad y habla con un volumen casi imperceptible. Guardiana del derecho internacional en uno de los tribunales más importantes del mundo, se ha convertido en objetivo de Donald Trump. “La justicia internacional empieza a morder y eso no les gusta”, dice la jueza de la Corte Penal Internacional (CPI). Balungi Bossa tiene sus cuentas y tarjetas bloqueadas, no puede hacer transferencias bancarias y la mayoría de las aplicaciones de su teléfono dejarán de funcionar muy pronto, desde Gmail a WhatsApp.
La jueza —perseguida por EEUU por su decisión a favor de la investigación en la CPI de los crímenes cometidos en Afganistán— resalta su condición de mujer negra del Sur Global como objetivo de la “caza de brujas” del presidente Trump, subraya su ilegalidad internacional y denuncia que “las potencias que deberían proteger el orden mundial están optando, por el contrario, por socavar la justicia”. Balungi Bossa atiende a elDiario.es durante una visita a Madrid para participar en una charla junto con el jurista Baltasar Garzón y el eurodiputado Juan Fernando López Aguilar en el Ateneo sobre los ataques de Washington contra el sistema de justicia internacional y la respuesta de la Unión Europea. “La UE está secuestrada por una mayoría que nada en la dirección equivocada de la historia”, ha denunciado el eurodiputado.













