Lidera una investigación que rinde homenaje en su nombre a la primera entrevistada, Benita Navacerrada, un icono de la lucha por la memoria a sus 94 años cuyo padre fue asesinado en 1939. Los restos de Facundo, fundador de la UGT en San Sebastián de los Reyes, todavía no han podido ser identificados. Precisamente, el efecto de las exhumaciones en los familiares de las víctimas de la guerra civil y la represión franquista es uno de los ejes del estudio que está llevando a cabo Nereida Bueno, profesora de Psicología y Criminología de la Universidad Pontificia Comillas, junto a Pablo Cortina y José Gamoneda.PublicidadEl nombre completo del Proyecto Benita da una pista sobre sus objetivos: Bienestar psicológico ante la exhumación y duelo no resuelto: influencia del trauma y la pérdida ambigua en familias de víctimas de la represión franquista. Es decir, Nereida Bueno rastrea una herida que se transmite de generación en generación y profundiza en el impacto que sigue causando un asesinato y una desaparición, pero también el hallazgo de un cuerpo.Por ahora, la psicóloga prefiere no concretar los síntomas que sufren los familiares, pero intuye las huellas del trauma no solo en los hijos de las víctimas, sino también en los nietos y bisnietos. De la mano de la Asociación de Comisión de la Verdad de San Sebastián de los Reyes, decenas de afectados están tomando el testigo de Benita Navacerrada para aportar su testimonio.Pregunta. ¿Un nieto de una víctima de la guerra civil y la represión franquista puede heredar, entre comillas, sus traumas?Respuesta. Las comillas son importantes, porque no podemos decir que se heredan de manera biológica. Ahora bien, dependiendo de cómo se haya vivido y hablado en la familia de esa pérdida, habrá una serie de procesos emocionales diferentes. Sin duda, un nieto que reciba el legado de encontrar al abuelo desaparecido vivirá y expresará el dolor de forma diferente a otro que no haya escuchado nada sobre él.No hay un gen del dolor, pero hay un dolor que no cesaP. Si no de herencia, ¿podríamos hablar de transmisión generacional del trauma?R. Sí, es el término científico que se utiliza, pese a que genera cierta controversia. No hay un gen del dolor, pero hay un dolor que no cesa. Queremos documentarlo hasta la cuarta generación —los bisnietos—y ofrecer ayuda terapéutica.PublicidadP. ¿Es un duelo diferente?R. Sí, porque es un duelo congelado, desautorizado y ambiguo. Congelado, porque no ha logrado cerrarse. Desautorizado, porque a las familias republicanas no les permitían llorar la pérdida de su ser querido. Y ambiguo, porque, como teorizó Pauline Boss, está físicamente ausente aunque emocionalmente presente.P. La pérdida ambigua.R. Claro. Como no tengo un cuerpo físico al que llorar, convive en mí la incertidumbre constante de la esperanza de poder encontrarlo, pero también el machaque emocional de pensar que no lo conseguiré. No siempre es posible, por lo que el mejor caso es el de quien lo localiza, lo exhuma, lo identifica, lo despide y lo ritualiza.PublicidadP. ¿Cómo se manifiesta el trauma? ¿Qué huellas psicológicas pueden encontrarse en los hijos, nietos o bisnietos de los asesinados o desaparecidos?R. Veo dos que parecen contradictorias. Una depende directamente del estado de la exhumación y es el alivio, la alegría y la celebración, porque el proceso de búsqueda está siendo reparador. La investigación, de hecho, busca confirmar que una exhumación produce bienestar psicológico. Y, previamente, la otra huella es la rumiación, entendida como un continuo, o sea, como un dolor que no cesa.P. ¿Puede concretar esas huellas: ansiedad, depresión, angustia…?R. Prefiero no responder porque estamos al inicio de la investigación y no quiero patologizar, pero vamos a encontrar reacciones emocionales muy intensas, porque cuando empezamos a hablar con los familiares enseguida brotan las lágrimas.La exhumación sana porque hay llanto, pero de alegríaP. ¿En qué consiste el estudio?R. En realidad son tres estudios. En el primero entrevistamos a la segunda, tercera y cuarta generación para conocer la historia de la pérdida y descubrir sus heridas emocionales. En el segundo comparamos a familias que hablan del tema con otras que no para ver si hay diferencias emocionales. Y, en función de los datos recogidos, en el tercero planteamos una terapia específica: individual para la segunda generación y grupal a partir de la tercera.P. O sea, los nietos.R. Sí. Es curioso, porque un nieto puede sufrir por un abuelo que nunca llegó a conocer. Hay que estar atentos a la tercera generación, porque puede exponerse a un dolor que merece ser escuchado y atendido.P. ¿Debería considerarse una cuestión de salud pública?R. Sí, porque tiene mucho alcance. Con 6.000 fosas y 100.000 desaparecidos, si hubiese dos familiares que les sobrevivan, estaríamos hablando de 200.000 personas afectadas. Entonces, si cada español está a menos de 50 kilómetros de una fosa, ¿cómo no va a ser un problema de salud pública?P. ¿Cómo ha influido el silencio de tantas familias en la transmisión generacional del trauma?R. En las familias que callan suele haber dos perspectivas: la de quien quiere que continúe el silencio, de modo que se intenta acallar el trauma para que no esté presente; y la de quien tiene dudas y desea saber, aunque siente mucha incertidumbre y no se encuentra en un espacio cómodo para poder buscar.P. ¿La exhumación sana o también puede remover el dolor? R. La exhumación sana. Esa es mi hipótesis y la quiero demostrar con el estudio. Cuando he acudido a exhumaciones, hay aplausos y llanto, pero de alegría.El silencio nunca ayuda, solo ha enquistado el traumaP. ¿Qué ocurre tras la recuperación de los restos? ¿Los familiares deben ser acompañados psicológicamente?R. Sí. Es un proceso tan doloroso que debería haber un equipo de atención psicológica.P. ¿La impunidad también traumatiza? ¿Para que haya duelo debe haber verdad, justicia y reparación?R. Siempre. Son los pilares de la justicia transicional, que plantea qué debe hacer una sociedad después de un conflicto. Cualquier acto dirigido a calmar el dolor siempre tiene que estar apoyado en la verdad, en la justicia y en la reparación, porque sin verdad no puede haber reparación.PublicidadP. ¿Mientras sigan las fosas cerradas las heridas permanecerán abiertas?R. El silencio nunca ayuda y el pacto de silencio que hubo solo ha enquistado el trauma. Sin embargo, el dolor puede desaparecer, como ha demostrado la psicóloga Elizabeth Lira en Chile.P. ¿Qué les espera a los bisnietos de las víctimas?R. Quienes puedan hacerlo deberían intentar exhumar a sus familiares, porque la exhumación es otro acto de verdad.