El levantamiento fascista de 1936 dejó a miles de muertos sepultados en fosas comunes, que sólo la lucha de los familiares de las víctimas ha sacado del silencio. Así lo retrata Eva Máñez en Memòria de l'oblit. La repressió franquista a la Safor (Centre d'Estudis i Investigacions Comarcals-CEIC, Alfons el Vell), en el que la fotoperiodista recoge el relato de unos sesenta parientes de represaliados de esta comarca situada al sureste de la costa valenciana. Con este nuevo trabajo, que combina imágenes con sus respectivos relatos, Máñez (València, 1972) da un paso más en el camino de avanzar hacia la verdad, la justicia y la reparación.PublicidadEn 2016 empezó a investigar la represión franquista en el País Valencià. ¿Por qué eligió Paterna, el municipio de la comarca de l'Horta Nord?Lo hice porque, aparte de haber estudiado allí, en el municipio fueron fusiladas 2.238 personas, es uno de los lugares donde más víctimas hay. Empecé por la fosa 113, la primera en abrirse en virtud de la Ley valenciana de Memoria Democrática, ya que hasta entonces las exhumaciones no estaban amparadas por ninguna norma. Esta, en cambio, se hacía con la subvención y los protocolos institucionales necesarios. Descubrir qué había pasado me animó a leer y buscar personas que tuvieran enterrado algún familiar.En esta aproximación, condensada en 'Paterna, la memòria de l'horror' (Generalitat Valenciana, 2021) retrata a las llamadas "Guardianas de la memoria". ¿Se centra en las mujeres por algún motivo especial?Eran ellas quienes llevaban flores al cementerio en un ejercicio de duelo y resistencia encomiable; incluso durante el franquismo, donde el derecho a la reunión y manifestación estaba prohibido. De hecho, muchas venían de otros lugares y tenían que soportar las agresiones de la Guardia Civil, que entraba en las fosas y, con las culatas, las pegaba y rompían las lápidas. Yo quería recoger estas historias conservando el nombre que habían adoptado, que por otra parte es muy oportuno.¿La perspectiva de género es clave en esta retrospectiva?Sí, porque existe una biopolítica de género en la represión. Se humillaba a las mujeres de izquierdas paseándolas en público con el pelo rapado u obligándolas a ir misa y construir las parroquias. No sólo en el inicio de la dictadura. Luego se les asignaba la misión de guardar la moral católica en el seno de las familias. Sin olvidar que, en caso de querer abortar, debían hacerlo en Londres. Todas estas heridas hay que abordarlas como un acto de justicia.PublicidadAhora, con 'Memòria de l'oblit, la repressió franquista a la Safor', insiste en este mensaje. ¿Qué lo diferencia del primer libro?Trato la "memoria vicaria", el término que la investigadora alemana Marianne Hirsch acuñó para analizar el recuerdo que se transmite a lo largo de tres generaciones: la primera, formada por quien sufre la violencia y no puede presentarse como víctima porque no se la reconoce como tal. La segunda, la de mi padre, que ha guardado silencio. Y, en último lugar, la mía, la que quiere entender este sufrimiento silenciado y abrir las fosas con el objetivo de exigir la reparación que se merecen todas las víctimas de la represión. Porque, como decía Montserrat Roig, si algún acto de amor existe, este es la memoria.Como decía Montserrat Roig, si algún acto de amor existe, este es la memoriaEl "pacto del olvido" que, según denuncias, supuso la Transición, ¿sirve para entender de dónde venimos?Ayuda las cartas que dejaba el abuelo o las cosas que cuenta la madre y que nos interrogamos sobre el pasado. Por eso en el nuevo trabajo ofrezco una mirada más coral de la represión. No únicamente la de los fusilamientos al acabar la Guerra Civil; también la que se perpetró contra la lengua o la libertad sexual.PublicidadSe mezclan relatos cortos con otros más largos. ¿No siguen ningún patrón concreto?Me he limitado a la extensión de la página, donde he querido sintetizar lo más relevante de lo que me cuenta cada persona. Y, como resultado, hay reflexiones tan variadas como la de Josep Piera, uno de los poetas e intelectuales más destacados del País Valencià, la activista pionera del teatro Maria Josep Gonga o Marifé Arroyo, directora de una escuela y de quien Zoo compuso una canción. Hay un amplio corolario de casuísticas. Y después, a raíz del libro, me he encontrado nuevas personas que se interesan sobre el destino de sus parientes o que piden contactar con las entidades que gestionan el banco de ADN para averiguar la identidad de los desaparecidos.En cambio, todos los fotografiados desprenden paz y serenidad. ¿Quería que fuera así?Es el reflejo de que nadie tiene rencor ni sentimiento de nostalgia. Lo único que desean es recuperar los huesos de los familiares y llevarlos al pueblo para rendirles un entierro digno. Al fin y al cabo, la justicia implica saber la verdad y, sobre todo entre los ancianos, leer los sumarios para comprobar que sus familiares tuvieron un juicio farsa y que, si fueron encerrados en cárceles o confinados en campos de concentración, fue para defender la República.La justicia implica saber la verdad Que València fuera de los últimos lugares a capitular, ¿puede explicar el ensañamiento que se produjo?Sin duda. Hasta 1946 se fusiló sistemáticamente para aniquilar la resistencia que podía existir. Se ve en la forma en la que están diseñadas las fosas, las cuales revelan que los asesinatos no se perpetraron en caliente, sino que respondían a una ingeniería de la represión, porque son organizadas para meter todos los muertos.En València, hasta 1946 se fusiló sistemáticamente para aniquilar la resistencia que podía existirTambién añade imágenes de entornos emblemáticos de la comarca. ¿Eran necesarias para hacer pedagogía?Documento el entorno en el que pasaban las cosas. Si aparece el puerto de Gandia es porque a través de él muchos republicanos intentaron huir. Y lo mismo cuando retrato el cementerio, donde al menos hay enterradas 66 personas; las montañas de la Safor, que fueron el testimonio del estraperlo; o la resistencia de los maquis, los auténticos héroes antifascistas. Historias que, gracias al libro, permiten establecer un diálogo sobre los miedos que aún perduran y conseguir que las familias se den cuenta de que su vivencia es similar a muchas otras.¿La combinación del blanco y negro con color tiene alguna finalidad?Con las fotos en blanco y negro agrupo a las familias que han conocido el periplo de sus parientes, mientras que con las de color retrato a las "Guardianas de la memoria" actuales. Todas las imágenes tienen su significado; también una de las fotos que expuse en Luxemburgo, donde aparecen guardianas delante de un hombre de espaldas que hace el saludo romano, lo que indica que, mientras ellas piensan en el futuro, son los fascistas quienes miran el pasado.Sus trabajos se suman a otras iniciativas de recuperación de la memoria en el País Valencià. ¿Todavía falta mucho para avanzar? El Govern del Botànic hizo un esfuerzo importante, una vez aprobó una Ley de memoria pionera en el Estado español que contaba con la participación de profesionales y expertos bien preparados. Pero, una vez el PP ha vuelto a la Generalitat, ha pactado con Vox deshacer aquella norma para instaurar una ley de concordia que es todo un insulto a las víctimas al blanquear el franquismo. Del mismo modo que ha dejado el banco de ADN sin recursos y, a pesar de la existencia de un nuevo sistema para cruzar los datos y la presión de entidades y partidos de izquierdas, ha vuelto a enterrar los cuerpos que se habían exhumado. Todo ello demuestra que vivimos una anomalía democrática, porque una fosa es una herida abierta que, como sociedad, debemos poder cerrar.
Eva Máñez: "Vivimos una anomalía democrática porque una fosa es una herida abierta"
Hablamos con la fotoperiodista valenciana, que publica 'Memoria del olvido.






