Bajad las armasLa agenda de Zapatero revela una obsesi�n por la plata que habr�a escandalizado a Bernal D�az del CastilloRodr�guez Zapatero y Nicol�s Maduro, en 2022.EFE / Prensa de MirafloresActualizado Jueves,
junio
23:49Audio generado con IACuando Zapatero sali� a gorrazos de Moncloa se encontr� con el mismo problema que acuciaba a los hidalgos venidos a menos en la Extremadura del siglo XVI. "�Y ahora de qu� voy a vivir?", se preguntaba el prohombre. Es cierto que el camposanto de probosc�deos conocido como Consejo de Estado que hoy pastorea una c�lebre jurista egabrense le brindaba una sinecura vitalicia, adem�s de las prebendas que corresponden a todo jefe de gobierno espa�ol: oficina, escolta, secretaria. Pero aquellas dignidades ins�pidas dejaron pronto de satisfacer las ambiciones vitales de don Jos� Luis, del mismo modo que Hern�n Cort�s se negaba a perseguir acomodo en las grandes casas de la nobleza sevillana. Ni Cort�s ni Zapatero nacieron con alma de bur�crata. Por eso se aventuraron ambos allende el Atl�ntico, camino del oro y de la gloria que a uno pudieran darle los indios y al otro los populistas.Los cronistas contempor�neos cantamos los tradicionales lazos hist�ricos que nos hermanan con las naciones hispanoamericanas, pero no ignoramos que ese hermoso sintagma transporta a veces un eufemismo para la oportunidad de la codicia que se envuelve en paternalismo. Empresarios, novelistas, pol�ticos y consultores demosc�picos rivalizan con los toreros en eso de hacer las Am�ricas, al amparo de un prestigio a�ejo que milagrosamente parece conservar lo espa�ol entre aquellas gentes de paciencia oce�nica. Pero lo cierto es que do�a Claudia Sheinbaum tiene raz�n. Va siendo hora de que los espa�oles nos disculpemos. Pero no por haberles mandado al esposo de Malinche sino al patr�n de Gertrudis. Antes ya hab�amos mandamos a Juan Carlos Monedero a Venezuela, esa tierra de maravilla a la que el capricho compensatorio de unos dioses crueles parece empe�ado en castigar con desconocidos umbrales de sufrimiento.Reconozcamos que los informes nubosos del reputado imputado que presidi� el gobierno de Espa�a equivalen a las cuentas de vidrio con las que los conquistadores castellanos timaban a los indios a cambio de saquear su Potos�. La agenda de Zapatero revela una obsesi�n por la plata que habr�a escandalizado a Bernal D�az del Castillo. De las minas del Per� al petr�leo de Caracas pasando por los tribunales de Bolivia o las esmeraldas de Zambia, el mercantilismo desorejado del hombre que se peinaba las cejas revela exactamente la clase de conciencia s�rdida y rapaz que aliment� la leyenda negra contra Espa�a. Con la diferencia de que esta, Calama mediante, es verdadera.










