Juan Carlos M�ndez Gu�dez*Actualizado Viernes,

junio

00:08En los momentos inmediatos a una tragedia las palabras tambi�n se agrietan, se extrav�an, se vuelven objetos huecos. Contemplo enmudecido las im�genes de La Guaira. Trato de buscar un s�mil y no lo encuentro. "Es como si hubiese pasado un terremoto", pienso de inmediato. Luego comprendo la torpeza de mi frase; en efecto, acaba de ocurrir un terremoto que los primeros informes catalogan como el m�s fuerte sufrido por Venezuela desde el siglo XIX.Parece que la memoria tr�gica de 1967 se va a quedar corta. Aquel sismo encontr� un pa�s pujante, en expansi�n y con un tejido social s�lido. Esta nueva tragedia alcanza a una Venezuela hecha pedazos.Las horas transcurren junto al m�vil, tratando de contactar con familia, amigos. La informaci�n llega a trozos, saltan cifras que brotan desde la nada, rumores. No olvidemos que en Venezuela la censura sigue activa. Hay redes sociales y medios de comunicaci�n bloqueados por completo.Sobre la fragilidad de la existencia humana, sobre la aparici�n de las grandes tragedias, hay poco que agregar en estos instantes. Sin embargo, es indispensable recalcar que s�lo la ayuda internacional inmediata podr� salvar vidas y atenuar los primeros efectos. No es una frase ret�rica. No es una proclama. Venezuela est� sufriendo un terremoto dentro del terremoto que ha significado el chavismo. Venezuela se encuentra postrada desde hace a�os y no tiene recursos para afrontar situaciones normales, mucho menos para enfrentar una desgracia como la que acaba de ocurrir hace pocas horas. En Venezuela los hospitales son cascarones donde la gente no va a curarse, sino a vivir sus �ltimos respiros. Faltan equipos elementales, personal y organizaci�n. Los costos de las medicinas son inalcanzables para la poblaci�n. Los servicios de emergencia no cuentan con posibilidades reales de respuesta.En un viaje muy reciente habl� con bomberos que me advirtieron que sus equipos est�n obsoletos, inservibles, y que s�lo acuden a sus trabajos parcialmente, pues sus sueldos de miseria los obligan a trabajar en otros oficios para poder sobrevivir. Situaci�n similar me confesaron tiempo atr�s profesionales sanitarios.A ese desolador panorama se suma la hist�rica "negligencia" del chavismo en la gesti�n de tragedias colectivas. Contempl� con mis propios ojos c�mo en el deslave de Vargas en 1999 no se movilizaron a tiempo los recursos de salvamento, pues el personal p�blico ten�a instrucciones de enfocarse en el refer�ndum que, a esas mismas horas, le estaba otorgando poderes ilimitados al r�gimen. Peor a�n, vi c�mo la ayuda espont�nea que entregaron las personas en ese momento era colocada en bolsas con el rostro del dictador y repartida como acto de propaganda.No hace falta viajar tanto al pasado. La Federaci�n M�dica venezolana ha denunciado la desaparici�n de 71 toneladas de medicamentos e insumos m�dicos enviados por Estados Unidos el pasado mes de febrero. No hay manera de que las mafias gubernamentales den noticias sobre ese cargamento, que probablemente ya forma parte de sus negocios privados.La tragedia es inevitable, pero sus consecuencias y su gesti�n se ver�n agravadas por este panorama. Venezuela pudo estar mejor preparada para esta desgracia, pero el saqueo perpetrado por la dictadura y sus secuaces internacionales empeorar� la situaci�n. Necesario es recordar los 64 mil millones de d�lares obsequiados por el r�gimen a la dictadura cubana, �cu�ntas vidas podr�an salvarse en este momento? Los 23 mil millones de d�lares del desfalco del grupo del ex vicepresidente Tareck El Aissami, �cu�ntas muertes significar�n ahora mismo? Los 56 mil millones que manej� Hugo Ch�vez sin contralor�a ninguna y de los que no hay noticias ciertas, �qu� n�mero de venezolanos podr�an auxiliar en esta fecha terrible?Las primeras noticias muestran a espont�neos dando lo mejor de s� para ayudar; a funcionarios sin palas, sin picos, sin maquinaria especializada, sin insumos, alumbr�ndose con tel�fonos, mientras la dictadura sigue sin ofrecer informaci�n de calidad para enfrentar la emergencia.Lo dicho. Sirvan estas palabras como una desesperada petici�n de ayuda internacional. Ayuda que s�lo ser� �til si aparece de inmediato y se fiscaliza para que no caiga en las manos criminales del r�gimen.Venezuela necesita auxilio. Mi querida, mi golpeada, mi pobre Venezuela.*Juan Carlos M�ndez Gu�dez es escritor hispanovenezolano, premio Libro del A�o en Venezuela en 2013 por su novela Arena negra.