La salida a bolsa de SpaceX este junio resume bien la lógica del nuevo Silicon Valley. La compañía espacial de Elon Musk llegó a superar en cotización a Amazon durante sus primeros días en los parqués, a pesar de que sus cuentas no tienen comparación posible: el año pasado Amazon ingresó 625.000 millones de euros, de los que extrajo unos 68.000 millones de beneficio neto. SpaceX facturó unos 17.000 millones, registrando pérdidas netas de 4.250 millones de euros.

Lo que la empresa de cohetes de Musk vende a los inversores no son sus cuentas, es una promesa. La de ser justo lo que ha sido Amazon hasta ahora: una de las empresas que sostenga la infraestructura básica de la sociedad digital. Si la megacorporación fundada por Jeff Bezos lo ha hecho en la era de Internet, SpaceX promete hacer lo mismo en la etapa de la inteligencia artificial.