El Gobierno francés ha elevado la alerta sanitaria por ola de calor al máximo nivel, el tres, que implica pasar “del nivel de anticipación a la de gestión de crisis”. Se ha tomado esta decisión para poder adaptar “el sistema sanitario a la situación de crisis actual” tras dispararse las consultas en urgencias, han explicado desde el Ministerio de Sanidad. Francia vivió el miércoles la jornada más calurosa desde que existen los registros, tras haber pasado ya el martes su día más asfixiante. Cada día se supera el récord del anterior. Todo el país está en alerta por ola de calor, con 61 departamentos del centenar que tiene el país en zona roja y 25 en vigilancia naranja. “La canícula no se debilita en nuestro país y la presión sobre el sistema sanitario sigue intensificándose por eso, en concertación con Stephanie Rist [la ministra de Sanidad], he decidido activar el plan Orsan al nivel más alto de movilización sanitaria (…) Nuestro objetivo sigue siendo el mismo desde el primer día, permitir al sistema de salud mantenerse a largo plazo y proteger a los más vulnerables”, ha señalado el primer ministro, Sébastien Lecornu. La decisión se produce porque se han disparado los ingresos en urgencias y comienza a haber tensiones en algunos hospitales y centros de salud. En los últimos días los ingresos o consultas en urgencias vinculados al calor se han multiplicado por cuatro, así como las llamadas a los servicios de emergencias. En París, durante el miércoles ingresaron 25 personas en paro cardiaco, “cuando lo normal es que haya menos de 10”, según anunció el gabinete de la ministra de Sanidad. La ministra, Stéphanie Rist, ha admitido a la prensa durante la visita a un hospital que “la situación es de crisis” y que el aumento de los ingresos “es el comienzo” y podrá haber un pico este fin de semana. “Estamos empezando a ver, como era de esperar, las primeras muertes probablemente relacionadas con las temperaturas extremas”, que son casos que no solo afectan “a las personas mayores deshidratadas, sino a jóvenes que sufren paros cardiacos”, ha señalado su gabinete. El alcalde de París, Emmanuel Gregoire, también ha advertido de que la situación “es extremadamente grave” y dijo que en la capital hay un aumento de la mortalidad, aunque indicó que dar el balance es responsabilidad de las autoridades sanitarias. El Plan Orsan (Organización de la Respuesta al Sistema de Salud en Situaciones Sanitarias Excepcionales) permite gestionar las crisis sanitarias y se aplica a todo el territorio. El nivel tres es el nivel máximo de alerta en la movilización sanitaria, que permite “reforzar los efectivos hospitalarios, gracias a la movilización de la reserva sanitaria, reforzar la coordinación entre los hospitales, las clínicas y el sector médico y adaptar la actividad en los hospitales para garantizar la gestión de la ola de calor” según Lecornu.Permite reorientar los recursos sanitarios a los servicios de urgencias. También desprogramar las cirugías que no son urgentes y librar camas, optando por hospitalizaciones domiciliarias en el caso de los pacientes que están ingresados y que pueden tener un seguimiento médico desde su casa. “El aumento de ingresos en urgencia va a generar más tensión en la capacidad hospitalaria y los servicios de reanimación”, han advertido en Sanidad.El prefecto de policía, Patrice Faure, ha dicho que las intervenciones de los bomberos se han incrementado significativamente también en la región de París, con una media de más de 2.000 frente a las 1.250 en una situación normal. “Cada vez más personas que han sufrido golpes de calor ocupan las camas de algunos hospitales de la región”, aunque se espera un pico “la semana próxima”. Según el ministerio, desde 2003, año de la mortal canícula que duró dos semanas dejó 15 muertos en el país, se ha procedido a un plan de inversión que ha permitido “adaptar el 40% del parque hospitalario en Francia”.Aún así, hay hospitales sin climatización, hay 13.500 colegios con cambios de horarios o directamente cerrados y los sindicatos de educación han llamado a la huelga ante la dificultad para trabajar en estas condiciones. También hay alteraciones en los servicios de trenes: uno de cada 10 se ha cancelado, según la empresa ferroviaria SNCF. La canícula dura ya una semana, con su pico de intensidad estos días, y se espera que las temperaturas empiecen a descender a partir del fin de semana.