Hay películas de terror que buscan asustar a fuerza de golpes de efecto y otras que construyen el miedo desde algo mucho más cercano. Leviticus: Ritual de Sangre, la ópera prima del australiano Adrian Chiarella, pertenece a este segundo grupo. A través de una historia de amor adolescente corrompida por lo sobrenatural, la película utiliza el horror para exponer las consecuencias de la homofobia, la represión y ciertos discursos religiosos que todavía pesan sobre parte de la comunidad LGBT+. Estrenada este jueves 25 de junio en cines, la película propone una pregunta inquietante: ¿Qué pasaría si la persona que más amás también pudiera ser aquello que amenaza con destruirte? En el universo de Leviticus, esa contradicción se vuelve literal cuando una entidad maligna comienza a adoptar la forma de la persona más deseada por sus víctimas. Aunque su punto de partida remite al cine de terror sobrenatural, el film se aleja rápido de las fórmulas más tradicionales del género. Hay pocas escenas de violencia explícita y casi no recurre a los jumpscares. En cambio, apuesta por un horror más psicológico, construido desde la incertidumbre, la culpa y la sensación permanente de peligro.
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