La mayor incógnita ahora mismo en Reino Unido es saber qué recetario económico va a poner en marcha Andy Burnham cuando tome posesión como primer ministro, posiblemente porque ni él mismo lo sabe todavía. Las credenciales políticas del hasta ahora alcalde de Mánchester lo sitúan en el ala izquierda del laborismo con postulados afines a las nacionalizaciones de servicios y a un mayor gasto público. Su expediente ahora mismo lo encabezan las frases poco amistosas que el año pasado dedicó a los mercados financieros al señalar que el gasto público de Reino Unido no debería ser 'rehén' de los inversores. Sin embargo, la facilidad con la que parece que va a erigirse en líder laborista y de Gobierno y el saber lo duro que juegan los 'vigilantes' de los bonos con la deuda pública de Reino Unido le han hecho moderar el tono, incidir en que va a cumplir con las reglas fiscales y rodearse de un elenco de sabios económicos que le están proponiendo algunas medidas más o menos disruptivas.Las dos grandes medidas de estos consejeros áulicos del 'Rey del Norte', como se conoce a Burnham por su década gobernando Mánchester, que han trascendido a la opinión pública británica son segregar el actual departamento del Tesoro para crear un ministerio económico más enfocado al crecimiento y cambiar el mandato del Banco de Inglaterra, comprometiendo una independencia que ha conferido al banco central un gran prestigio respecto a otros pares occidentales.