Semanas atrás, un equipo de técnicos del gobernador Axel Kicillof aterrizó en Wall Street para mantener un raid de reuniones con fondos de inversión y bancos de primera línea, entre ellos el Deutsche Bank. La misión buscaba tantear el escenario financiero y quizás ensayar un gesto de acercamiento con los mercados. Sin embargo, la realidad de los números es otra: si la provincia de Buenos Aires quisiera salir hoy a emitir nueva deuda, no tiene esa posibilidad.
El cerrojo bonaerense es apenas la punta del iceberg de un mapa federal que experimentó un cambio de ciclo. En 2025, el consolidado de las provincias dejó atrás siete años consecutivos de superávit para cerrar con un déficit primario equivalente al 0,1% del PIB y un rojo financiero del 0,4% del PIB. La cantidad de jurisdicciones con números en verde se redujo dramáticamente, pasando de 19 a solo 10.
A pesar de este deterioro fiscal generalizado, la deuda provincial conjunta se mantiene en niveles reducidos, en torno al 4% del PIB, lo que constituye un activo clave, indicó un relevamiento de la consultora MAP. Las provincias ya emitieron más de USD 4.300 millones desde finales de 2025. Pero frente a un riesgo país comprimiéndose en la zona de los 438 puntos básicos, el acceso a los dólares frescos está lejos de ser uniforme: el mercado segmentó a los gobernadores entre los que tienen pista libre, los que ya agotaron su cupo y los que miran desde afuera.










