La aparición de un nuevo disco del Raly Barrionuevo siempre merece atención. No sólo porque se trata de uno de los compositores más relevantes de la canción popular argentina de las últimas tres décadas, sino porque cada uno de sus trabajos suele funcionar como una suerte de termómetro de los debates, búsquedas y sensibilidades que atraviesan a la música de raíz. En ese sentido, El camino de Solgo, publicado recientemente y acompañado por una extensa gira nacional, confirma algo que ya parecía una marca de su trayectoria: la decisión de avanzar a contramano de las urgencias del mercado para sostener una obra profundamente ligada a la reflexión, la memoria y la experiencia humana.
Inspirado en Solgo, relato de María Teresa Andruetto sobre un artista que decide mantenerse fiel a su propia concepción del arte antes que aceptar privilegios o reconocimientos, el álbum encuentra a Barrionuevo en un momento de madurez creativa. Después de proyectos atravesados por la recuperación de la memoria familiar y cultural, como 1972, y Mujeres caminantes, que compartió con un montón de cantorazas y otras músicas, el santiagueño afincado en Córdoba vuelve a las canciones propias para construir una obra donde conviven la contemplación, el amor, la amistad, la naturaleza, la infancia y también algunas preguntas sobre el presente.








