Llegó el frío pero ya sabemos que la música es ese fogón que nos mantiene a salvo, también cuando alrededor todo se pone gris y helado. En estos días hay varias fechas para calentarse el alma con canciones. Este viernes nos visita la enorme cantora cordobesa Mery Murúa, una de las voces femeninas más conmovedoras que tiene hoy la música popular argentina. La Mery forma parte de esa camada de músicos cordobeses -Paola Bernal, Juan Iñaki, José Luis Aguirre, entre otros- que supieron construir algo cada vez más escaso: comunidad. Son artistas que se acompañan, se invitan, se producen, se sostienen y hacen crecer una escena lejos de cualquier moda.

A Murúa no solo la admiro muchísimo por su manera de cantar, que mezcla potencia y sensibilidad, sino también por su forma tan valiosa de habitar la música: tiene la capacidad de reunir gente luminosa a su alrededor, donde sea que se presente. Así que seguramente el viernes, además de buena música, habrá mucha gente copada. La cita es a las 21 en Cambalache Club Social y estará acompañada por el maestro Horacio Burgos en la guitarra. Vale decir que Murúa ganó en 2024 un Gardel a mejor canción de folklore por la hermosa “Baile eterno”.

El sábado será el turno del tucumano Juan Quintero, que presenta un concierto especial en Cuerda Mecánica. El tucumano, uno de los músicos más finos y sensibles de su generación, propone esta vez una experiencia acústica total, sin amplificación. Algo casi revolucionario en tiempos de pantallas, volumen y distracción permanente. “Me interesa aprovechar el marco que propone (el auditorio) La Caja de Madera para hacer un concierto sin amplificación. Estoy trabajando una serie de canciones para guitarra y voz y tengo ganas de probarlas en esta experiencia que, para mí, es la más linda: sin cables, sin electricidad, poniendo en juego la potencia del propio cuerpo”, contó Quintero. “La pregunta es qué sucede cuando esa intimidad —la de una canción en casa— se traslada a una ronda un poco más grande. Qué pasa cuando entre todos logramos construir un clima que le dé cobijo a esa voz y a esa guitarra”. La música como refugio compartido.