En la Zaragoza del siglo XVIII, ciudad de imprentas, gremios y comercio, nació María Juana Rosa Andresa Casamayor de La Coma (1720-1780). Su familia, de origen francés, pertenecía a la alta burguesía textil. En ese ambiente, la aritmética formaba parte de la vida cotidiana: pesos, medidas, cálculos, libros de comercio…, y pronto aprendió María Andresa que los números no eran una abstracción, y sí un modo de entender el mundo.
Cabe pensar que desde joven mostró gran curiosidad y aptitud para las matemáticas. Eso, en otra época habría sido celebrado, pero en la suya, era un rasgo que convenía llevar con discreción.
No es que el álgebra fuese delito, pero en una mujer era casi un pecado. En aquella época, el acceso de las mujeres a la formación matemática era limitado y socialmente condicionado. Y si, además, pretendía publicar un libro…
Con 17 años, María Andresa escribió el Tyrocinio arithmético, instrucción de las quatro reglas llanas, un manual claro, funcional, con un estilo ágil y sorprendentemente moderno para enseñar a sumar, restar, multiplicar y dividir. ¡Que se sepa, la primera obra científica escrita en España por una mujer! El título, que hoy suena a conjuro latino, entonces bastante frecuente, figuraba en el DRAE de 1739 con la siguiente acepción: «primer ensayo del que se aprende cualquier arte». Estamos ante un repertorio de aritmética práctica para instruir con sencillez a principiantes, aprendices de oficios y comerciantes en el manejo de los números y de las farragosas y variopintas unidades de media aragonesas de la época. Un libro en cuarto (aproximadamente de 16 cm × 22 cm), de 78 páginas, por tanto, modesto y barato, pero eficaz y pedagógico… y, en consecuencia, ¡sospechoso!











