“Fui creciendo en el deseo de que el arte no esté divorciado de la emoción, el pensamiento, el amor y el sexo, de la misma manera que no se puede divorciar el presente del pasado. Este presente nuestro se quedaría colgando llenándose de polillas si el pasado no le alimentara la memoria”. La actriz y profesora Cristina Rota fue nutriendo esta forma de pensar desde que, estando aún en el instituto, marchó de gira por primera vez con una compañía de teatro. En 1978, después de que su pareja desapareciera, emigró junto a sus dos hijos, los actores Juan Diego Botto y María Botto, a España. Estaba embarazada de su tercera hija, la también actriz Nur Levi.

Este es uno de los episodios que relata en Una historia de teatro y resistencia (Grijalbo), la autobiografía que publica a sus 81 años. “Todos tenemos que prepararnos para resistir y no negociar”, defiende tras una vida en la que, más allá de su compromiso social y político, se ha convertido en la gran maestra del cine español, a través de su escuela de interpretación que abrió en 1979 y en la que ha formado a figuras como Penélope Cruz, Antonio de la Torre y Alberto San Juan. “Es inhumano lo que se hace ahora con los exiliados”, critica.