La noche que comenzó con silbidos terminó con aplausos. La que parecía destinada a la frustración acabó convertida en una celebración del presente y, sobre todo, del futuro. El Tri derrotó 3-0 a Chequia en el Estadio Azteca y escribió una página inédita en su historia mundialista.
Tres triunfos en tres partidos, portería invicta durante toda la primera ronda y un boleto a los dieciseisavos de final acompañado por una sensación que hace tiempo no se respiraba alrededor de la Selección Mexicana: ilusión.
Te puede interesar: La historia que México quiere repetirEl Estadio Azteca no estaba satisfecho. No después de dos victorias, no después de una diferencia de goles de 13-2 en el torneo disputado en casa en los Mundiales, no después de cinco partidos consecutivos sin recibir gol en territorio mexicano. El coloso quería más. Quería una noche que lo acercara a la historia.
Y durante 45 minutos pareció que México caminaba en dirección contraria. Los abucheos comenzaron temprano. Cada vez que Chequia tocaba el balón, el ruido bajaba desde las tribunas. Pero cuando la pelota cambiaba de dueño, el estadio respondía con un rugido colectivo: “¡México! ¡México!”. Era una exigencia disfrazada de apoyo.










