La historia de México en los Mundiales está hecha de puertas que tardaron décadas en abrirse. La primera victoria llegó hasta 1962, después de cuatro Copas del Mundo y 12 derrotas. El primer punto había aparecido apenas cuatro años antes, en Suecia 1958. Los cuartos de final tuvieron que esperar hasta 1970. Y durante años, generación tras generación, el futbol mexicano derribó barreras que parecían eternas.Por eso el partido contra República Checa es mucho más que el cierre de una fase de grupos. Es una cita con una deuda que ha sobrevivido a casi un siglo de historia. Porque México nunca ha ganado sus tres partidos de una misma primera ronda mundialista.Nunca. Ni el equipo de Antonio Carbajal. Ni el de Enrique Borja. Ni el de Hugo Sánchez. Ni el de Cuauhtémoc Blanco. Ni el de Rafael Márquez. Ni el de Javier Hernández. Ninguno.Y eso es lo que vuelve especial a este partido en el Estadio Azteca. No hay angustia. No hay calculadora. No hay necesidad de esperar resultados ajenos.Por primera vez en mucho tiempo, México llega a un partido mundialista con la clasificación resuelta y el camino despejado. Hace apenas cuatro años la realidad era opuesta.En Qatar, el Tri llegó al último encuentro obligado a golear a Arabia Saudita y a esperar ayuda desde otro estadio. Ganó, pero no alcanzó. La eliminación en fase de grupos dejó una herida profunda y la sensación de que el futbol mexicano había tocado fondo.Ahora la fotografía es completamente distinta. México fue el primer equipo en asegurar su boleto a la siguiente ronda. Derrotó a Sudáfrica en el partido inaugural y venció después a Corea del Sur para instalarse en la cima del Grupo A.Y en el proceso rompió dos barreras históricas. La primera llegó aquella noche frente a Sudáfrica. Durante 96 años, México había sido incapaz de ganar el partido inaugural de un Mundial. Había empatado en dos ocasiones. Había perdido cinco veces. Había sobrevivido. Pero nunca había arrancado una Copa del Mundo con una victoria. Hasta ahora.La segunda llegó días después. El triunfo sobre Corea del Sur convirtió al Tri en la primera selección de Concacaf que consigue tres victorias consecutivas en la historia de los Mundiales. La secuencia comenzó en Qatar 2022 contra Arabia Saudita y continuó en casa frente a sudafricanos y surcoreanos. Otra frontera derribada. Otro espacio conquistado.Y quizás por eso resulta inevitable mirar hacia adelante. Porque cuando una generación empieza a romper récords, inevitablemente aparece la pregunta sobre cuál será la siguiente. La respuesta está escrita desde hace décadas. La perfección.México ha estado cerca muchas veces. En 1970, cuando el país organizó por primera vez una Copa del Mundo, empató con la Unión Soviética antes de derrotar a El Salvador y Bélgica. Aquella selección alcanzó los cuartos de final y se convirtió en leyenda, pero no ganó sus tres encuentros.En 1986 ocurrió algo parecido. El equipo de Bora Milutinović venció a Bélgica e Irak, pero dejó escapar dos puntos contra Paraguay.En 2002, Javier Aguirre condujo al Tri a una de las mejores fases de grupos de su historia. Croacia cayó. Ecuador cayó. Sólo quedaba Italia. El empate 1-1 dejó a México como líder, pero otra vez a las puertas de la marca perfecta.En 2014 apareció Brasil, que ofreció una versión distinta del mismo relato. El Tri derrotó a Camerún, empató con el anfitrión Brasil y cerró la fase con una contundente victoria sobre Croacia. Otra campaña invicta. Otra oportunidad que se escapaba.Y luego llegó Rusia 2018. Quizá el antecedente más doloroso porque parecía el más alcanzable.México sorprendió al mundo al derrotar a Alemania en su debut. Después venció a Corea del Sur y llegó a la tercera jornada con seis puntos y la posibilidad de completar una fase de grupos perfecta. La derrota 3-0 frente a Suecia terminó con el sueño. Siempre hubo alguien. Siempre faltó un paso.Ocho años después, la posibilidad vuelve a aparecer. Por eso la oportunidad ante Chequia tiene un peso histórico que va mucho más allá de los tres puntos. Porque las selecciones que estuvieron cerca forman parte de la memoria colectiva del futbol mexicano.La de 1970 que ilusionó a todo un país. La de 1986 que hizo vibrar al Azteca. La de 2002 que derrotó a Italia en la tabla. La de Márquez y Ochoa. La que venció a Alemania en Rusia. Ninguna pudo hacerlo. Ninguna.Ahora la posibilidad pertenece a otro grupo. A la generación de Edson Álvarez. De Raúl Jiménez. De Julián Quiñones. De Santiago Giménez.Una generación que ya hizo historia al ganar un debut mundialista. Que ya hizo historia al enlazar tres triunfos consecutivos. Que ya hizo historia al clasificar antes que nadie.Y que esta noche puede colocar su nombre en un sitio donde ningún equipo mexicano ha estado jamás.Porque las rondas eliminatorias vendrán después. Los verdaderos exámenes vendrán después. Pero algunas marcas sólo se presentan una vez. Y ésta lleva noventa y seis años esperando.Noventa minutos separan a México de algo que ninguna otra selección mexicana consiguió.Tres partidos. Tres victorias. Una fase de grupos perfecta. La última frontera que le queda por conquistar al Tri.