Todos los años, al acabar el verano, tras sacar adelante a sus polluelos, las golondrinas, vencejos y aviones vuelven al sur. En el caso de las que visitan los cielos europeos en primavera, sus cuarteles de invierno están en la cálida África. Para muchas especies americanas, la vuelta es a Sudamérica, incluida la Amazonia y el Cerrado brasileño. El seguimiento de estos viajes ha permitido detectar cómo emergen patrones de inteligencia colectiva entre las aves migratorias. Según publican en Science Advances, cuanto más grande es la bandada, mayor precisión en la ruta y el regreso a casa. Los científicos han tenido que recurrir a ideas como la de la inteligencia o sabiduría colectiva para explicar dinámicas masivas, como las de los estorninos, con miles de ellos volando juntos, dibujando patrones fascinantes sin atropellarse. Los bancos de alevines son una de las mejores estrategias que los peces más pequeños tienen para salir adelante. Incluso recientemente, se ha descubierto cómo los espermatozoides de la mosca de la fruta se autoorganizan para ser miles en su viaje hasta la hembra y no liarse las colas. Pero son muy pocos los diseños experimentales que han estudiado el fenómeno. En uno de ellos vieron que la inteligencia colectiva de las hormigas superaba a la de los humanos cuando se trataba de sacar un objeto en forma de T de una serie de estancias con puertas. Lo que ha hecho ahora un grupo de investigadores ha sido rastrear a decenas de miles de bandadas (57.201 para ser exactos) de cuatro especies de golondrinas y una de aviones que pasan la temporada de cría (primavera y verano) en la región de los Grandes Lagos, entre Estados Unidos y Canadá. Lo han hecho con radares meteorológicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), de Estados Unidos, que igual detectan nubes y vendavales que miles de aves juntas (alguna de las aglomeraciones superaba las 100.000). Y han descubierto una relación entre el tamaño de la bandada y la precisión en su viaje.“Asumimos que la dirección migratoria promedio de todas las bandadas detectadas comprendía la dirección correcta o, al menos, representaba la dirección migratoria de la población, y comparamos la dirección de bandadas individuales (de diferentes tamaños) con esa dirección promedio”, explica el investigador de la Universidad de Rochester y primer autor de la investigación, Joe Morford. Al comparar la precisión en función del tamaño del grupo, “el error promedio de las bandadas en la dirección disminuyó de los 81,7º [longitud] en el cuartil más pequeño de bandadas (el 25% más pequeño) a 70,4º grados en el cuartil más grande (el 25% más grande): es decir, una mejora de más de 10 grados”, destaca Morford.Las golondrinas viven la mayor parte del tiempo en pareja. Regresan al mismo nido cada año y, si ambos sobreviven a la gran migración, con el mismo compañero. Pero se vuelven gregarias, casi como langostas, cuando toca iniciar el gran viaje, ya sea en un sentido o en el otro. Por eso los investigadores se centraron en el momento en que se agrupan para estudiar patrones de inteligencia colectiva.Para los autores, a falta de una instancia central que decida, la inteligencia colectiva emerge del llamado efecto de múltiples errores: “La integración de múltiples estimaciones individuales puede mejorar la precisión colectiva mediante el promedio”, escriben en sus conclusiones. Este promedio, siguen, “podría producirse por interacciones locales entre aves vecinas, en lugar de requerir comunicación o control global, y por lo tanto es un mecanismo plausible para facilitar el surgimiento de la sabiduría colectiva en este sistema”.El estudio lo iniciaron hace 23 años. Eso les ha permitido investigar un segundo aspecto que podría ser clave para el futuro de las golondrinas: si ha habido cambios en el tamaño de las bandadas. Por motivos que se les escapan en este trabajo, han detectado que en los últimos años el número de golondrinas por bandada es mucho menor. Aunque por el diseño de su trabajo no han podido determinar el impacto de este fenómeno, si el principal resultado de su estudio es que el éxito en las rutas migratorias depende del tamaño, bandadas cada vez más pequeñas podrían complicarles la vuelta a casa. No hay datos que lo relacionen, pero desde hace más de una década, las poblaciones de golondrinas que regresan por primavera al hemisferio norte son cada vez menos abundantes.