NoticiaLos cultivos destinados a la producción de aceites vegetales son responsables de cerca del 1,5 % de la pérdida mundial de biodiversidad.El estudio identificó a la palma aceitera, la soya y el coco como los tres cultivos que generan el 75 % del impacto sobre las especies, impulsado principalmente por el aumento del consumo global. Foto: iStockPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD24.06.2026 10:44 Actualizado: 24.06.2026 10:44

Los cultivos de palma aceitera, coco y soya estarían causando una pérdida de biodiversidad mucho mayor de la que se estimaba hasta ahora. Así lo concluye una investigación liderada por Stephan Pfister, profesor de Evaluación Cuantitativa de la Sostenibilidad de ETH Zurich, que calcula que los cultivos oleaginosos son responsables de aproximadamente el 1,5 % de la extinción de especies de animales y plantas a nivel mundial.El estudio, presentado el 19 de junio de 2026, es el primero que analiza de manera integral el impacto global de la producción y el consumo de aceites vegetales sobre la biodiversidad. Los investigadores examinaron datos mundiales de producción agrícola, comercio internacional y uso del suelo durante varias décadas para determinar hasta qué punto el crecimiento de estos cultivos está amenazando a las especies. LEA TAMBIÉN Entre 1995 y 2020, la pérdida de biodiversidad asociada a estos cultivos aumentó un 80 %. Foto:Niels Van Iperen. SolidaridadLos aceites obtenidos de cultivos como la palma, el coco y la soya forman parte de una amplia gama de productos de consumo cotidiano. Se utilizan en cosméticos, maquillaje, medicamentos, margarinas, alimentos procesados y alimentación animal, entre otros usos. La expansión de estos mercados ha impulsado tanto la producción como la demanda mundial de estas materias primas.“Desde la perspectiva de la protección ambiental, la pérdida de biodiversidad es un problema tan grande como el cambio climático”, afirmó Pfister al explicar las motivaciones de la investigación.Para llegar a sus conclusiones, el equipo elaboró mapas globales de cultivo de oleaginosas a partir de imágenes satelitales, estadísticas agrícolas y bases de datos internacionales sobre tierras cultivadas. Posteriormente, calculó el nivel de amenaza que distintos tipos de uso del suelo representan para especies animales y vegetales.Los investigadores emplearon factores de pérdida de especies, indicadores que permiten estimar cuánto contribuyen las áreas agrícolas a la desaparición de especies dependiendo de la región y de la intensidad de la actividad agrícola.La investigación también incorporó un modelo económico global que permitió seguir el recorrido de los cultivos a lo largo de las cadenas internacionales de suministro. De esta manera, fue posible identificar cómo la producción de una materia prima en un país termina asociada al consumo en otro continente.Un ejemplo citado por los autores es el de la soya cultivada en Brasil que posteriormente se utiliza para alimentar animales en China o Europa, contribuyendo indirectamente a sostener altos niveles de consumo de carne en esos mercados.En la Orinoquia hay sembradas 267.000 hectáreas con palma de aceite. Foto:Andrés Paz Duarte / FedepalmaEl estudio evaluó 19 tipos de cultivos oleaginosos. Sin embargo, tres de ellos concentran la mayor parte del impacto ambiental detectado: la palma aceitera, la soya y el coco. De acuerdo con los resultados, estas tres materias primas representan alrededor del 75 % de toda la pérdida de biodiversidad atribuida a los cultivos destinados a la producción de aceites.Además de identificar a los principales responsables, la investigación encontró una tendencia preocupante. Entre 1995 y 2020, la pérdida de biodiversidad asociada a estos cultivos aumentó cerca de un 80 %.Contrario a lo que podría suponerse, el crecimiento de la población mundial no aparece como el principal factor detrás de este incremento. Según el estudio, el elemento que más ha impulsado el deterioro es el aumento del consumo por persona. LEA TAMBIÉN “El consumo per cápita es el mayor impulsor de la pérdida de biodiversidad. Sin embargo, la mayor parte de este impacto ocurre a miles de kilómetros del consumidor final”, explicó Shuntian Wang, estudiante de doctorado del equipo de investigación.Las regiones tropicales aparecen como las más afectadas por este fenómeno. Allí, el uso agrícola del suelo genera pérdidas significativas de biodiversidad debido a varias razones. Por un lado, cultivos como la palma aceitera y el coco solo pueden desarrollarse en estas zonas. Por otro, los ecosistemas tropicales albergan una gran riqueza biológica y suelen presentar menores rendimientos por unidad de superficie, lo que impulsa la expansión agrícola hacia nuevas áreas.Esa expansión frecuentemente implica la transformación o destrucción de ecosistemas naturales, incluyendo procesos de deforestación.Aunque la producción ocurre principalmente en países tropicales, los investigadores subrayan que gran parte de la responsabilidad está vinculada al consumo en otras regiones del mundo. El análisis muestra que más de la mitad de los impactos sobre la biodiversidad están asociados a la demanda de países distintos a los productores.Estos tres cultivos concentran el 75 % del impacto ambiental de los aceites vegetales. Foto:SuministradaLa Unión Europea, China y Estados Unidos concentran más del 80 % de estos impactos externalizados. Mientras la influencia europea está relacionada principalmente con la importación de aceite de palma, en el caso de China el principal vínculo corresponde al uso de soya para alimentación animal.Los autores advierten que revertir la pérdida de biodiversidad no será una tarea inmediata. Incluso si se detuviera completamente la deforestación, los ecosistemas seguirían enfrentando presiones derivadas de la ocupación agrícola existente.“Aunque no haya nueva deforestación, el impacto de la agricultura actual permanece”, señaló Pfister.Frente a este panorama, los investigadores plantean varias posibles soluciones. Entre ellas destacan la implementación de métodos de producción más respetuosos con el medio ambiente, la reducción de la deforestación y la adopción de prácticas agrícolas que protejan los suelos y los ecosistemas naturales. LEA TAMBIÉN También consideran necesario avanzar hacia cambios en los patrones de consumo. Sin embargo, reconocen que la complejidad de los mercados globales dificulta la aplicación de respuestas simples, ya que la demanda puede trasladarse rápidamente de una región a otra.Por ello, el estudio concluye que una de las herramientas más importantes para reducir los impactos consiste en invertir en mejores sistemas de producción y en la protección de los ecosistemas en los países donde se originan estos cultivos.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.