Dispositivos del tamaño de una moneda, vendidos por menos de R$ 100, están siendo utilizados por hombres para monitorear a mujeres en São Paulo. Escondidas en coches, bolsos, mochilas e incluso en pertenencias de niños, las etiquetas de rastreo permiten seguir desplazamientos en tiempo real sin que la víctima lo perciba. Los registros de persecución en la 1ª Comisaría de Defensa de la Mujer, en la zona central de la capital, aumentaron 15,5% en el primer trimestre de este año, con 104 denuncias policiales, frente a 90 en el mismo periodo de 2025.Una pedagoga de 46 años descubrió que estaba siendo monitoreada después de recibir una alerta en su celular y, tras buscar durante horas, encontró el rastreador dentro del zapato de su hijo de 6 años. Registró una denuncia policial y solicitó una medida de protección, que fue rechazada; la investigación terminó archivada.
La delegada Cristine Nascimento Guedes Costa afirma que "ellos no necesitan perseguir físicamente a la mujer". "Pueden monitorearla a distancia con herramientas accesibles para cualquier persona."
La fiscal Valeria Scarance explica que esconder rastreadores puede constituir el delito de persecución, previsto en el artículo 147-A del Código Penal, o violencia psicológica, pero destaca la dificultad para reunir pruebas. La abogada Maíra Recchia afirma que la persecución "ocurre de forma permanente y muchas veces invisible" y recomienda a las víctimas fotografiar el dispositivo y acudir a una comisaría especializada.









