En el momento de mayor número de conflictos armados desde 1946, las mujeres no solo sufren de manera desproporcionada la guerra, sino que son el primer y más efectivo escudo de contención y atención humanitaria.

Antes que las agencias internacionales o los convoyes de ayuda logren sortear los frentes y las restricciones que algunos países ponen de acceso a la población, las redes locales de mujeres están atendiendo y cuidando en primera línea.

Sin embargo, esta labor crucial enfrenta la asfixia financiera provocada por los recortes de la ayuda internacional y la histórica exclusión de las mujeres en las mesas donde se negocia la paz.

El impacto desproporcionado“Ya sea un conflicto, ya sea la crisis climática, ya sea la instrumentalización de la violencia sexual, siempre son las mujeres las que están en primera línea sufriendo más debido al nivel de impunidad y de conflicto que hay en el mundo en este momento”, advierte a EFE Tom Fletcher, jefe de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).

Los datos respaldan la gravedad de sus palabras. En Ucrania, por ejemplo, en cuatro años, “han sido asesinadas al menos 4.994 mujeres, y ha habido al menos 1.000 niñas que han sido heridas producto de la guerra”, recuerda a EFE Belén Sanz, directora regional de ONU Mujeres para Europa y Asia Central.