Mientras las necesidades humanitarias crecían, una organización de mujeres sudanesas que atendía a mujeres y niñas se quedaba sin recursos para responder. Después de la guerra, que había convertido a Sudán en la mayor crisis humanitaria del planeta, llegaron los recortes de la ayuda internacional. La plantilla se redujo a la mitad, los salarios dejaron de pagarse y tuvieron que suspender sus actividades durante seis meses. Su directora pidió dinero prestado a familiares para reabrir y ella y sus compañeras continuaron trabajando como voluntarias, mientras buscaban otros empleos para conseguir el dinero necesario con el que mantener la organización a flote. Sin financiación suficiente para transporte, derivaciones médicas o asistencia de emergencia, muchas mujeres y niñas dejaron de recibir ayuda a tiempo. Una adolescente de 17 años, superviviente de violencia sexual, permaneció cuatro días sin recibir tratamiento. La directora solo pudo acompañarla; no había recursos para hacer más. La joven quedó embarazada, más tarde intentó suicidarse y murió seis meses después. “Si hubiera tenido financiación, la habría ayudado a recuperarse y a reconstruir su vida”, lamenta la directora. La historia de esta adolescente forma parte de los testimonios recogidos en Más allá del punto crítico (Beyond the Breaking Point, en inglés), un informe de ONU Mujeres publicado este viernes que analiza el impacto de los recortes de la ayuda oficial al desarrollo, que en 2025 sufrieron la mayor caída anual de la historia, sobre las vidas de mujeres y niñas. La investigación, basada en las respuestas de 855 organizaciones lideradas por mujeres y defensoras de los derechos de las mujeres de 52 países afectados por crisis y conflictos, concluye que al menos un millón de mujeres y niñas han perdido el acceso a servicios esenciales desde enero de 2025. El momento actual es especialmente crítico, con 120 millones de mujeres y niñas que requieren asistencia humanitaria y protección en todo el mundo. El 84% de las encuestadas por ONU Mujeres afirma que el número de mujeres y niñas que necesitan ayuda ha aumentado. Sin embargo, el 88% reconoce que ya no tiene capacidad para atender esa demanda. Lo que comenzó “como una crisis puntual de financiación se ha convertido en una realidad estructural”, señala el informe. Esto ha llevado a casi la mitad de estas entidades a crear listas de espera o rechazar solicitudes de ayuda. “Nos vimos obligadas a poner en lista de espera a más de 1.500 hogares encabezados por mujeres”, dice una organización en República Democrática del Congo (RDC) en uno de los testimonios.Casi seis de cada 10 organizaciones atienden a menos mujeres y niñas que antes de enero de 2025, tras haber reducido sus servicios desde menos del 30% hasta el cierre total de sus actividades.Ver el desmantelamiento de esas organizaciones en contextos tan volátiles y críticos es algo que debería hacer sonar todas nuestras alarmas Sofia Calltorp, jefa de Acción Humanitaria de ONU Mujeres“Es importante subrayar que son las mujeres y las niñas con menos alternativas las que pierden primero el apoyo. El 63% de las organizaciones [encuestadas] ha reducido sus servicios en comunidades remotas y de difícil acceso. También el apoyo a las mujeres con discapacidad, a las madres solteras y a los hogares encabezados por mujeres se encuentra entre los más afectados”, explica en una entrevista con EL PAÍS Sofia Calltorp, jefa de Acción Humanitaria de ONU Mujeres. Además, el 41% de estas entidades considera probable su suspensión o cierre en el próximo año y casi la mitad cuenta con menos de seis meses de financiación operativa. “Las organizaciones de mujeres que corren el riesgo de ser clausuradas se encuentran en primera línea de las crisis humanitarias más graves del mundo. En países como Afganistán, la RDC y Haití, actúan allí donde los actores internacionales no pueden hacerlo y permanecen mucho tiempo después de que la atención mundial se haya desviado hacia otros temas”, afirmó en un comunicado Calltorp.“Yo misma viajé a Gaza hace unos meses y allí se ve cómo las organizaciones de mujeres son, muy a menudo, las únicas que permanecen apoyando a las comunidades y, al mismo tiempo, tienen enormes dificultades incluso para poder seguir funcionando al mínimo”, añade Calltorp. “Con el riesgo de que organizaciones como estas cierren, una parte fundamental de la infraestructura de la respuesta humanitaria queda amenazada”, continúa. “Además, en comparación con muchas organizaciones internacionales, suelen tener mucho mejor acceso a sus comunidades. Afganistán es un buen ejemplo, donde solo las trabajadoras humanitarias y las organizaciones lideradas por mujeres tienen realmente acceso a las mujeres de las comunidades”, añade. A medida que estos sistemas se contraen, los riesgos para mujeres y niñas aumentan. Los encuestados reportan incrementos alarmantes en la vulnerabilidad económica (92%), en el malestar de salud mental (88%), violencia de género (86%) y deserción escolar de las niñas (82%). También se observa un aumento en el matrimonio infantil y forzado (72%) y en el sexo de supervivencia (61%). “Los recortes de financiación y el hecho de que al menos un millón de mujeres y niñas hayan perdido servicios esenciales son solo la punta del iceberg, porque después aparecen todas estas consecuencias secundarias”, enfatiza Calltorp. Trabajo voluntario y problemas de salud mentalDebido a estos recortes, las organizaciones de mujeres ahora tienen que operar con una capacidad reducida. Eso se traduce en reducción de personal, trabajo voluntario o no remunerado y problemas de salud mental. “Son las mujeres quienes están subvencionando el fracaso del sistema internacional con su propio trabajo no remunerado, a costa de sus ingresos y de su salud mental”, resume Calltorp. “El 65% de las organizaciones informa de que su personal está trabajando sin cobrar para mantener los servicios funcionando. Tenemos una organización en Sudán cuya directora nos cuenta que siguen acudiendo a los espacios seguros para asesorar a las mujeres aunque no hayan recibido salario, porque no pueden abandonarlas”, enfatiza.Son las mujeres quienes están subvencionando el fracaso del sistema internacional con su propio trabajo no remunerado, a costa de sus ingresos y de su salud mentalSofia Calltorp, jefa de Acción Humanitaria de ONU Mujeres Porque la reducción de personal, por ejemplo, impacta directamente en las vidas de las mujeres y niñas. “Debido a la falta de personal de proximidad en uno de los barrios, en apenas unos meses observamos un fuerte aumento de los embarazos en adolescentes”, explica una organización en la RDC.La responsable de Acción Humanitaria de ONU Mujeres incide en que “el desmantelamiento de estas organizaciones se produce en un contexto de reacción mundial contra los derechos de las mujeres y las niñas”. “Una de cada cinco organizaciones ha suspendido el trabajo a largo plazo destinado a promover la igualdad de género, fortalecer los movimientos de mujeres y garantizar el empoderamiento político y económico de mujeres y niñas. También vemos cómo disminuye la participación femenina en puestos de liderazgo”, explica. “Nos preocupa que sea muy difícil de reconstruir, porque se trata de estructurasque durante mucho tiempo han estado luchando por los derechos en sus países”, advierte.En medio de estas restricciones financieras, las organizaciones encuestadas son claras: no basta con aumentar los fondos disponibles, también es necesario transformar cómo se financia la acción humanitaria. Casi nueve de cada 10 consideran prioritaria una financiación flexible y plurianual. El 86% reclama un acceso más directo a los donantes y dos tercios piden reducir el número de intermediarios a través de los cuales se canalizan los recursos. “Ver el desmantelamiento de esas organizaciones en contextos tan volátiles y críticos es algo que debería hacer sonar todas nuestras alarmas y llevarnos a garantizar que reciban la financiación y el apoyo que necesitan con tanta urgencia”, finaliza Calltorp.
Un millón de mujeres y niñas pierde el acceso a servicios esenciales por los recortes de la ayuda
Un informe de ONU Mujeres basado en las respuestas de 855 organizaciones de mujeres en 52 países advierte de que el 41% de ellas considera probable su suspensión o cierre en el próximo año y casi la mitad cuenta con menos de seis meses de financiación operativa













