Hay algo que está pasando en 2026 que la industria de la moda llevaba años intentando ignorar: las mujeres de más de sesenta años han dejado de esconderse y tener que pedir permiso para ser vistas. Madonna tiene 67 y protagoniza la campaña más comentada del año en lencería. Shania Twain tiene 60 y lo da todo en el escenario con un conjunto de encaje transparente que deja la ropa interior a la vista. Las dos lo hacen sin dudarlo, sin disculparse y, por si fuera poco, las dos lo hacen de la mano de la misma firma: Dolce & Gabbana.La imagen de Madonna para la campaña de la fragancia The One lleva meses circulando por las redes y acumulando comentarios que van desde la admiración hasta la confusión. En las imágenes, la artista aparece con un corsé nude, minivestido transparente, ligueros y medias de la firma italiana, en una producción que bebe del cine de los setenta y que culmina en un beso con el actor Alberto Guerra. La tensión sexual es la protagonista, pero lo que realmente impacta quienes lo ven es otra cosa: la confirmación de que Madonna no está interpretando a una mujer seductora, sino que a su edad lo es.Poco tiempo después, Shania Twain abría los doce conciertos de Harry Styles en el estadio de Wembley con una selección de looks de archivo de Dolce & Gabbana que dejaron claro que el minimalismo no era una opción que ella estuviera dispuesta a considerar. Un corsé de encaje negro con el sujetador completamente visible, shorts cortísimos, guantes de ópera a juego y botas hasta la rodilla: ese fue el uniforme con el que la canadiense se plantó ante miles de personas cada noche. En un post de Instagram, ella misma agradeció a la casa italiana que la vistiera "noche tras noche con looks tan bonitos y poderosos", y confesó sentirse "preciosa y segura" sobre el escenario.Ni perdón ni permisoQue las dos mujeres aparezcan en el mismo año, con el mismo estilo atrevido y bajo el paraguas de la misma firma italiana no es casualidad. Es una declaración editorial. Dolce & Gabbana lleva tiempo construyendo un relato en el que la madurez no se tolera ni se celebra como excepción: se presenta como el estado natural de la feminidad. Madonna ya estaba en primera fila en el desfile de la temporada primavera-verano 2025, cuando la colección rindió homenaje al corsé cónico de Gaultier que ella misma convirtió en icono hace más de treinta años. El movimiento tiene un nombre en la industria, moda silver y economía silver, pero lo que está ocurriendo ahora va más allá de la etiqueta. Durante décadas, la contradicción más grande del sector fue esta: marcas que diseñaban para mujeres de sesenta años o de cosméticos antiaging fichaban a modelos de treinta para sus campañas, como si la propia clienta fuera algo que había que esconder. Ese desplazamiento generacional demostraba que la industria se resistía a retratar la realidad de sus consumidoras, y lo hacía, además, con una historia que convertía el paso del tiempo en un problema a resolver. Sin embargo, ahora las tornas están cambiado. No queremos esconder nuestra edad, queremos llegar ahí bien.El mérito de las dos no es haber "conservado" su figura, sino haber construido durante décadas una relación con su propia imagen que no depende de la validación externa. Shania Twain lleva años hablando abiertamente de la inseguridad que sintió durante toda su juventud respecto a su propio cuerpo, de los entornos abusivos que la hicieron odiar el hecho de ser mujer. Lo que se ve ahora sobre el escenario de Wembley es lo contrario de aquello: alguien que ha llegado a los sesenta sabiendo, por fin, lo que tiene. Madonna, por su parte, lleva 40 años siendo definida por los demás —demasiado provocadora, demasiado mayor, demasiado todo— y ha decidido seguir siendo exactamente lo que quiere.La pregunta más interesante no es si esto es feminismo o si es marketing. Es qué le dice a las mujeres de cuarenta que las observan, a las de cincuenta que se preguntan cuándo les tocará desaparecer del radar, a las de sesenta que han asumido sin cuestionarlo que la visibilidad se acaba. Porque lo que Madonna y Shania Twain están haciendo en 2026 no es romper los límites de su generación, es demostrar que esos límites nunca existieron, sino que fueron una convención que la industria mantuvo porque le era rentable y que, aparentemente, ha dejado de serlo.Durante demasiado tiempo, la menopausia funcionó como una fecha de caducidad, convirtiéndose en el punto a partir del cual se esperaba que las mujeres empezaran a ocupar menos espacio, a vestir con más discreción y a dejar de ser protagonistas de su propia historia. Lo que Madonna y Shania Twain están haciendo en 2026 es, sencillamente, negarse. Negarse a esconderse, a renunciar a quienes son y a tratar su sensualidad como algo que el tiempo les debería haber quitado, demostrando a todas las mujeres que la vida no se acaba a partir de los 60, sino que es otra etapa igual de emocionante.