Nueva York es la gran pantalla global del Mundial de Norteamérica aunque, en realidad, no se juega ni un solo partido en el suelo de la gran metrópoli.La ciudad ejerce de anfitriona del turismo futbolístico, pero los encuentros se juegan en el MetLife Stadium, rebautizado para la ocasión como New York/New Jersey (NY/NJ), ya que la FIFA no permite el uso de nombres comerciales durante el torneo. Ese estadio, que es el elegido para la final, se ubica al otro lado del río Hudson si se toma como referencia Manhattan, punto de partida de la mayoría de los espectadores que llenan los 80.000 asientos. Aunque hayan cambiado el nombre, la gobernadora del estado de Nueva York, Kathy Hochul, no puede dar la bienvenida a las selecciones y aficiones como sí hace su colega de Nueva Jersey, Mikie Sherrill, con un bombardeo constante de mensajes por megafonía.Al margen de disputas territoriales, la elección de esta instalación está creando dudas importantes sobre el criterio de la FIFA y el protocolo de prevención. La meteorología de este lunes es un aviso. El partido de Francia contra Irak, disputado en la cercana Filadelfia, se paró dos horas al descanso por la fuerte tormenta. En el estadio de Nueva Jersey, la emergencia se produjo cuando había concluido el choque entre Noruega y Senegal.Lee tambiénPero esto ha empezado a cuestionar la organización. Sabiendo que el clima tropical hace acto de presencia en esta región con tormentas y vendavales peligrosos, el recinto eligido para la clausura del 19 de julio, es un estadio obsoleto, sin techo a diferencia de otros más modernos y en un páramo de alquitrán donde tanto el transporte público y el privado se puede ver muy afectados en caso de alerta meteorológica.“El césped castigo mucho la musculatura de los jugadores”, dijo Deschamps tras el Francia-SenegalAsí que ya se hacen plegarias para que el próximo 19 de julio no se vean obligados a retrasar o incluso cancelar la gran final debido a la meteorología.Esta falta de previsión –¿no se podía haber construido una cobertura?– no es la única que denota dejadez. Aunque desde enero no se disputa ni un partido de la liga de fútbol americano –razón de ser del MetLife, que comparten los Jets y los Gigants–, las quejas sobre el mal estado de la hierba se reiteran. Es un problema estructural. En verdad es una hierba fake puesto que se cultiva un terreno de juego de césped natural en otro lugar y luego se instala sobre la superficie artificial habitual.Vinícius en el estadio de New York/New Jersey Stadium iMAURO PIMENTEL / AFPEsto genera evidentes problemas de riego y mantenimiento, como ya quedó patente el pasado verano durante los ocho partidos disputados en este estadio en el Mundial de Clubs. Las quejas de los protagonistas por el mal estado del césped fueron constantes. Al parecer, cayeron en saco roto.“Debido al clima y al calor, el césped se seca muy rápido y el partido termina siendo muy lento. No podemos encontrar un buen ritmo. Eso lo complica todo y altera nuestro juego. Pero tendremos que adaptarnos, porque creo que será igual durante todo el torneo”, se lamentó Vinícius tras el empate entre Brasil y Marruecos (1-1), el 13 de junio, en el estreno mundialista del estadio.El MetLife está obsoleto y, en caso de meteorología adversa, llevaría al retraso o aplazamiento de la finalTres días después, las críticas se intensificaron durante el Francia-Senegal (3-2). “El césped estaba en muy malas condiciones; castigó mucho la musculatura de los jugadores”, señaló el seleccionador francés, Didier Deschamps. Adrien Rabiot fue aún más contundente: “Parecía más césped artificial, duro y rígido”.La FIFA, sin embargo, defiende tanto el estado del terreno de juego como el proceso de instalación. Poco parecen importar las quejas de los futbolistas.